La sexualidad entre los vikingos era abierta, lo cual no significaba que no hubiera tabúes que marcaron el comportamiento de este pueblo.
Series de televisión, películas, libros y pinturas acerca de los vikingos los muestran como hombres fuertes, salvajes y temerarios, palabras que se asemejan con los clichés masculinos por excelencia que sobreviven en el presente. Sin embargo, la sexualidad entre los vikingos era bastante abierta, llegando a tener parejas del mismo sexo.
¿Existía la homosexualidad entre los vikingos?
Las sociedades escandinavas no eran tan rígidas al momento de clasificar a las personas por su sexualidad, a diferencia de como ocurre en el presente. Es decir, la homosexualidad, bisexualidad o heterosexualidad no eran mal vistas, más bien aceptadas, pero bajo ciertos lineamientos. En las relaciones sexuales, los vikingos solo diferenciaban entre el papel dominante y el sumiso.
En ese sentido, un hombre podía tener una relación homosexual siempre y cuando adoptara el papel dominante. Ser penetrado era ser sumiso, lo cual no iba con la idea propia de lo que significaba ser un vikingo.

Sexualidad entre los vikingos: goza pero cumple con tu rol social
Ya decíamos que la sexualidad entre los vikingos era abierta, sin embargo, los hombres debían de cumplir con su rol social de ser proveedores para su familia y de seguir preservando su especie. Por lo tanto, mujeres y hombres estaban obligados a mantener relaciones sexuales con gente del sexo opuesto para procrear.
Incluso, el placer físico de la mujer era visto como algo de suma importancia debido a que creían que mientras mayor gozo experimentara en el sexo, mayores probabilidades había de que pudiera quedar embarazada.

Tanto ellas como ellos debían cumplir con sus obligaciones sexuales en el seno familiar, de lo contrario, era lícito separarse si no había una compenetración física entre mujer y hombre.
Ejemplo de ello lo tenemos en la saga de Gísla Súrssonar, una historia escrita en el siglo XIII, en donde acudimos a la historia de una mujer que decide divorciarse de su marido debido a que “su pene es tan largo que no siente placer conmigo”, lo cual les hace imposible procrear.
El vikingo y sus concubinas
Dentro de las sociedades del norte de Europa destaca que no era mal visto que un hombre tuviera más de una esposa, es decir concubinas. A estas mujeres se les conocía como frilles, que eran más amantes que esposas, ya que no se casaban y podían vivir con el hombre y su esposa en la misma propiedad.
Un hombre podía tener tantas frilles como pudiera permitirse y la sociedad consideraba que los hijos de estas relaciones eran legítimos. La única relación prohibida para un nórdico era acostarse con la mujer de otro hombre. Por ello, podía ser multado o asesinado, según Adán de Bremen, cronista, geógrafo y uno de los más importantes historiadores alemanes de la Edad Media.

La mujer, el sexo y el divorcio
A la par de que la mujer tenía que soportar los concubinatos de su esposo, había otros aspectos donde se veía favorecida. Las mujeres de las sociedades escandinavas podían divorciarse cuando existía un maltrato físico. En ese aspecto, los vikingos solían proteger la integridad de las mujeres con severos castigos para los agresores.
Si su marido la golpeaba, la mujer podía multarlo. Si la maltrataba delante de testigos, no sólo se aplicaba la multa, sino que su mujer podía divorciarse de él tras el tercer golpe. También podía denunciar los casos de homosexualidad reiterada de su marido al distraerlo de sus obligaciones como marido.
Asimismo si no estaba satisfecha a nivel sexual, tenía el derecho a separarse de su esposo.

La palabra ergi
En la lengua nórdica antigua existían términos para referirse a la homosexualidad en un sentido despectivo. Ejemplo de ello es el sustantivo ergi o regi (y sus formas adjetivales argr o ragr), que se refrían a comportamientos afeminados o de personas que gustaban del comportamiento homosexual pasivo.
Junto a esta palabra, se encuentran los derivados ergjask (afeminado), rassragr (culo), Stroðinn y sorðinn, que se refieren a ser usado sexualmente por otro hombre, el cual también era uno de los peores insultos que un enemigo podía lanzar a un hombre nórdico.
Resulta curioso que no exista demasiada información acerca de cómo eran vistas las relaciones lésbicas, las cuales, sin duda, las había.
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