Este amuleto con forma de martillo de Thor era el modo de continuar con las tradiciones antiguas en lugar de abrazar la nueva religión cristiana.
Fue en Escandinavia, probablemente hacia finales del siglo VIII, donde el culto a Thor alcanzó su máximo esplendor, una época que coincidió con el auge de los vikingos. En Ysby, provincia de Halland, en Suecia, un grupo de arqueólogos encontró un amuleto con forma de martillo de Thor, que demuestra precisamente el culto a este dios en la región norte de Europa.
¿Qué es el martillo de Thor?

El martillo de Thor, conocido como Mjönir (“demoledor”), es el arma que empleaba este legendario dios de la guerra para proteger el Asgard, la morada de los dioses, según los relatos de la mitología nórdica.
Este objeto tenía muchas cualidades maravillosas, entre ellas la de volver al lanzador como un bumerán; también está tallado en piedras rúnicas y estelas funerarias, según las creencias vikingas.
Mjönir se usaba como un amuleto apotropaico (un mecanismo de defensa mágico o sobrenatural) que invocaba el poder protector de Thor para beneficio del portador. En la época en la que empezó a usarse este tipo de amuleto, el área de Halland ya comenzaba a convertirse al cristianismo, que al final fue la religión que terminó por imponerse.
Este colgante era el modo que tenía la población de continuar con las tradiciones antiguas en lugar de abrazar la nueva religión.
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El amuleto se descubrió muy cerca de un futuro parque de viviendas que va a construirse en la localidad sueca. Esta pieza arqueológica data de finales del siglo X, mide tres centímetros de largo y está fundido en plomo.
En excavaciones anteriores en el mismo lugar, los arqueólogos encontraron varias herramientas del Neolítico y la Edad del Hierro, aunque este amuleto es el primero en sus clase que los investigadores descubren.
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Este objeto al que los descubridores califican como único en su tipo, tiene un pequeño agujero que atraviesa el martillo por su eje, por el que se deslizaba algún tipo de cuerda para colgarlo al cuello.
Los arqueólogos también han podido observar en él un grabado en forma de patrón entrelazado (líneas y formas geométricas) en una de las caras del martillo.
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