Demos un escalofriante recorrido por las pinturas más siniestras de la historia. Estremécete con este catálogo de horrores artísticos.
El arte es el despliegue de diversas emociones, entre ellas las más oscuras del alma humana. Diversos pintores se han atrevido a plasmar una colección de imágenes aterradoras capaces de vivir el terror en carne propia. Demos un escalofriante recorrido por las pinturas más siniestras de la historia.
Giovanni Francesco Caroto, Niño con dibujo, 1480-1555/1558

Además de la sonrisa de la Mona Lisa, la del niño de esta pintura es otra de las más famosas en la historia del arte. No se sabe exactamente el nombre del niño retratado, ni por qué sonríe de esa manera, ni a quién se dirige con ese gesto. Algunos historiadores atribuyen su identidad al hijo mayor del Marqués de Monferrato. Hay que recordar que Giorgio Vasari cuenta que Caroto, durante su estancia en Casale Monferrato, se encargó de crear numerosos retratos de los miembros de la corte.
Henry Fuseli, La pesadilla, 1781

El cuadro más conocido de Fuseli, La pesadilla, retrata a la perfección la fijación por lo macabro de este artista. El cuadro representa la encarnación de una pesadilla que se agazapa en el pecho de una mujer dormida, mientras la cabeza de un caballo con ojos blancos saltones aparece en la oscuridad. La imagen tiene un sentido de erotismo demoniaco capaz de inquietar al espectador en cuanto lo ve. No hay duda de que es una de las pinturas más siniestras de la historia que mejor representa el miedo.
Francisco de Goya, Saturno devorando a sus hijos, alrededor de 1820

Goya evocó el ambiente incierto que se vivía en España tras la ascensión al trono de José Bonaparte en 1808. Gracias a ello creó una serie de 14 cuadros entre 1819 y 1823, unos años después de la caída de Napoleón, que se llaman las Pinturas negras. La mayoría de ellas son motivos aterradores y bastante siniestros.
Una de estas obras es Saturno devorando a su hijo, representando un episodio de la mitología griega. Saturno, temeroso de ser derrocado por uno de sus hijos, se comía a cada uno de sus hijos después de nacer.
William Blake, El gran dragón rojo y la mujer vestida de sol, 1805-10

Blake creó este cuadro como ilustración del libro de Job del Antiguo Testamento. En 1981, inspiró al autor estadounidense Thomas Harris para la primera novela de la serie de Hannibal Lecter, Red Dragon.
Blake estuvo muy influenciado por la espiritualidad en sus obras. Con el advenimiento del Romanticismo a principios del siglo XIX su obra encontró un creciente reconocimiento e imitación por parte de otros artistas.
William-Adolphe Bouguereau, Dante y Virgilio, 1850

El cuadro representa un episodio de la Divina Comedia. Dante y su compañero Virgilio han entrado en el Infierno y se detienen en el Octavo Círculo. Esta zona del infierno está destinada a los que han defraudado a la humanidad.
Dante y Virgilio observan a dos almas condenadas envueltas en una interminable batalla a muerte. De un lado está Capoccia, químico y rebelde, y del otro Gianni Schicchi, bromista y estafador.
Bouguereau retrata bien la ferocidad de Schicchi y la desesperación de sus emociones.
Ilía Repin, Iván el Terrible y su hijo, 1885
La expresión de pena y horror en el rostro del personaje de esta pintura es macabra a más no poder. Iván el Terrible yace en una alfombra con el cadáver de su hijo entre brazos. No es la sangre ni la mirada muerta del hijo lo que más impacta en esta imagen, sino los ojos de Iván el Terrible: llenos de espanto, de pena. Son los ojos de un hombre que ha perdido toda cordura. Su realismo y espanto la hacen ser parte de las pinturas más siniestras de la historia
Ken Currie, Gallowgate Lard, 1960

Este pintor de origen escocés siempre estuvo obsesionado por los rostros fantasmagóricos, viejos y dotados de sombras. Este autorretrato destaca por la palidez del rostro y unos labios donde parece ver algunos rastros de sangre, pero quizás lo más macabro sean esos ojos sin vida que atemorizan al espectador. Sin duda se trata de uno de los retratos más vívidos para retratar la muerte.
Fábio Magalhães, The Great Body, 2014

El pintor brasileño Fábio Magalhães es el maestro del realismo: sus pinturas parecen absolutamente fotografías. En este caso, pinta su propio cuerpo atado truculentamente en bolsas transparentes. Esta imagen pertenece a una serie de pinturas donde el cuerpo resulta agredido.
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