Vírgenes ‘alienígenas’ y canibalismo: éstas son las pinturas más perturbadoras y extrañas de la historia
Detalle de Saturno devorando a su hijo (1821-1823) | Crédito: Francisco de Goya / Museo Nacional del Prado / Wikimedia Commons
Decapitaciones sangrientas, muestras de canibalismo de padres a hijos y vírgenes futuristas de mirada ausente. Éstas son las pinturas más grotescas de la historia.
Desde la antigüedad, a los seres humanos nos motiva representar aquello que nos aterroriza. Tal vez sea una manera de materializar las sombras más escondidas que están atoradas en la mente humana, o de cristalizar la barbarie que existe en el mundo. Sin embargo, hay un puñado de artistas que lograron plasmar un horror casi tangible sobre el lienzo. A continuación, la lista de las pinturas más grotescas de la historia:
Saturno devorando a su hijo (Goya, s. XIX)
Francisco Goya, Saturno devorando a su hijo (1821-1823) | Crédito: Museo Nacional del Prado / Wikimedia Commons
La pintura del maestro del romanticismo español Goya, Saturno devorando a su hijo (1819–1823), se conoce como ‘la más negra de las obras negras‘. El apodo no requiere de mayor explicación: es una de las escenificaciones más gráficas y grotescas de cómo el dios del tiempo acaba con los demás dioses del panteón griego.
“Aquí Goya pinta al dios con una terrorífica mirada de locura en su rostro”, explica el historiador del arte Miguel Calvo Santos. Sin arrepentimiento y con bestialidad absoluta, el padre de todos los dioses mastica a pedazos los restos de alguno de ellos. Esta pintura corresponde al periodo más siniestro de Goya quien, hacia el final de sus días, se encerró a sí mismo en una villa abandona a pintar sus pesadillas.
Medusa era conocida por petrificar a los hombres con los que cruzara la mirada. En realidad, a cualquier ser vivo: por eso, los griegos la consideraban como una de las gorgonas más temibles. En general, documenta Britannica, se le representaba “como una criatura femenina alada que tenía una cabeza de cabello que consiste en serpientes“.
Como amante de la decadencia y la podredumbre, el pintor barroco Caravaggio tomó este mito griego para representar a una mujer recién decapitada. El asesinato acababa de suceder, por lo que todavía hay sangre saliendo a borbotones de su cuello. La expresión es quizá lo más perturbador de la escena: hay rabia, sorpresa, indignación. ¿Cómo te atreviste?, se lee en su mirada. Por eso, figura entre las pinturas más grotescas de la historia.
Gabrielle d’Estrées y una de sus hermanas (anónimo, s. XVI)
Título original: Gabrielle d’Estrées et une de ses sœurs. / Crédito: Wikimedia Commons
La pintura representa a Gabrielle d’Estrées y su hermana, la duquesa de Villars (aunque tampoco hay certezas de que se trate de ellas). Ambas se encuentran desnudas de cintura para arriba mientras juegan en una bañera de seda. Lo curioso de esta escena es el detalle donde la duquesa de Villars (izquierda) le pellizca el pezón a Gabrielle d’Estrées (derecha).
Madona Lactans (1458), de Jean Fouquet, es parte del Díptico de Melun. / Crédito: Wikimedia Commons
El Díptico de Melun (1458) ha generado amplia controversia entre los historiadores del arte: ¿por qué la Virgen María tiene senos prácticamente esféricos? Y más aún: ¿por qué está rodeada de querubines rojos y azules, que parecen hechos de cera? La mirada apagada de la mujer está fija en su bebé recién nacido, que parece esquivar los ojos maternos mirando al vacío.
Lo que más ha generado polémica de esta pintura no es, ni siquiera la piel ceniza de María y Jesús. O que parecieran estatuas esculpidas en mármol. Los historiadores se cuestionan por qué fue que Jean Fouquet, el autor de la obra, decidió representarles así. Y más aún: de dónde sacó la inspiración, ya que en el Renacimiento europeo había parámetros muy estrictos para representar a las figuras sagradas.
Judith decapitando a Holofernes (Artemisa Gentileschi, s. XVII)
Detalle de Giuditta che decapita Oloferne (1613), de Artemisia Gentileschi. / Wikimedia Commons
Entre las pinturas más grotescas de la historia, sin duda está Judit decapitando a Holofernes (1613), de la maestra barroca Artemisia Gentileschi. Después de que ella misma sufriera una historia de violación sexual, expresó su rabia contra su abusador en una escena bíblica. Todo el enojo que experimentó al vivir en un entorno machista quedó impresa en la expresión de Judith, que descarga esa frustración sobre su esposo, que la había engañado.
“Gentileschi, agraviada, decidió seguir pintando a sus mujeres fuertes e independientes del antiguo testamento, pero esta vez plasmó sus fantasías de venganza con toda la violencia que pudo”, documenta HA! Historia/Arte.
La mirada perdida de Holofernes es una oda a cómo, verdaderamente, se puede decapitar al machismo desde el arte —aunque sea grotesco. Puedes ver la obra completa aquí.
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