Nunca antes se había tomado en cuenta a la niñez o a la adoelscencia como motivos suficientemente interesantes como para representarse. Por esta razón, los artistas plásticos anteriores al siglo XIX tuvieron problemas al pintar bebés y niños pequeños.
Al tener que representar al Niño Jesús, se enfrentaron al mismo obstáculo: quisieron adaptar las proporciones adultas al cuerpo de un recién nacido. Los resultados muchas veces no fueron los más estéticos.
Fresco de la Virgen María y Jesucristo, Panagia Too Araka, Bizantine, Troodos Mountains, Chipre
Imagen: De Agostini a través de Getty Images