Los cráneos decorados con un pigmento rojo muestran que para los antiguos habitantes de Perú, la muerte era un acontecimiento importante.
Cientos de restos humanos en el valle de Chincha, al sur de Perú, fueron encontrados por investigadores. Los restos datan de los años 1000 y 1825 d.C., y se encontraron en más de 100 “chullpas”, grandes estructuras mortuorias donde se enterraba a varias personas juntas. Lo sorprendente del hallazgo fue un grupo de cráneos decorados con un pigmento rojo. El objetivo de los investigadores fue descubrir el significado de esta coloración, la cual era de diferentes tonalidades y se colocaba a diferentes personas.
Para los antiguos habitantes del valle del Chincha, así como muchas de las culturas más antiguas de la historia, la muerte era un acontecimiento importante.
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“La muerte no era el final”, escriben los investigadores en el estudio. “Era un momento crucial de transformación en otro tipo de existencia, y una transición crítica de un estado a otro, que proporcionaba la base para una vida posterior”.
Investigando los pigmentos
Los investigadores usaron tres técnicas científicas diferentes para identificar la composición de los pigmentos rojos. La pintura roja de 24 de las muestras procedía de ocres con base de hierro, como la hematites, 13 procedían de cinabrio con base de mercurio y una era una combinación de ambos.
Descubrieron que el cinabrio se importaba de cientos de kilómetros de distancia, mientras que la hematites probablemente procedía de sitios más cercanos, o incluso locales.

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La mayoría de los huesos pintados eran de varones adultos. También se pintaron los huesos de mujeres y niños, así como de varias personas con lesiones traumáticas curadas e individuos con cráneos modificados a temprana edad.
“Sabemos que los pueblos chinchas utilizaban tejidos, hojas y sus propias manos para aplicar pigmento rojo a los restos humanos”, explica Jacob Bongers, primer autor del estudio y arqueólogo antropólogo de la Universidad de Boston.
“Las gruesas líneas verticales u horizontales de pintura en los cráneos son consistentes con el uso de los dedos para su aplicación”.
Un acto de unión entre la vida y la muerte
Pintar con los dedos directo sobre el cráneo era una forma de hacer más personal la unión entre el vivo y el muerto.
“El propio pigmento rojo saca a la luz esta relación entre vivos y muertos, así como las diferencias sociales para que otros las vean”, dice Bongers.
“Algunos huesos pintados, especialmente los cráneos, fueron retirados y colocados sobre otras tumbas, presumiblemente para ‘proteger’ a los muertos”, escribieron los investigadores.
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Asimismo, los investigadores creen que los muertos y sus tumbas fueron saqueados por los invasores europeos, por lo que los vivos los desenterraron de nuevo para retocar el pigmento de los cráneos.
“Nuestra hipótesis es que los individuos volvieron a entrar en chullpas alteradas para pintar restos humanos que habían quedado profanados tras la invasión europea”, escribieron los investigadores.
Los resultados del hallazgo se publicaron en Journal of Anthropological Archaeology.
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