Terminar con una relación tóxica induce al cerebro en un estado de abstinencia similar al de la dependencia a ciertas drogas. Así funciona.
Cuando tenemos problemas de pareja, el patrón de toxicidad parece extenderse hacia otras áreas de la vida. Llega un momento en el que se hace insostenible, y la relación termina. Aunque socialmente ya no tenemos nada que ver con la otra persona, el sistema nervioso sigue enganchado. Al enfrentarnos a una ruptura amorosa, el cerebro entra en un estado de abstinencia doloroso, que se asemeja al de la dependencia a ciertas sustancias nocivas. Aquí te decimos cómo romper ese ciclo tóxico.
Romper el circuito de recompensa

Cuando nos enamoramos, según el departamento de Divulgación de la Ciencia de la Universidad Autónoma Nacional de México (UNAM), el cerebro entra en una dinámica de “circuito de recompensa“. Esto quiere decir que, naturalmente, busca aquellos estímulos que le generen satisfacción y un sentido de seguridad. Por esta razón, incluso cuando las relaciones se hacen tóxicas, tendemos a buscar a las mismas personas, ya que conocemos sus reacciones y podemos anticiparlas —a pesar de que nos hagan daño.
Según la institución, el cerebro entra en un estado de abstinencia similar al de los adictos. El National Institute of Drug Abuse en Estados Unidos explica que este patrón genera “desequilibrios de larga duración en los sistemas neuronales y hormonales que no son fáciles de revertir”. Aunque la persona esté lastimada emocional y psicológicamente, busca inconscientemente repetir este circuito de recompensa, que antaño le venía bien.
Por esta razón, necesita desintoxicarse para volver a funcionar con normalidad. Para deshacer los enlaces neuronales que la persona genera con la oxitocina, es necesario desprenderse de esa relación con el tiempo. En otras palabras, para dejar de depender de la relación que terminó, pero a la que nos negamos a soltar.
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¿Qué se puede hacer?

Uno de los primeros obstáculos a los que el cerebro en abstinencia se enfrenta es la negación. No querer dejar ir es una reacción normal, promovida por el sistema nervioso para seguir recibiendo el mismo tipo de gratificación al que estaba acostumbrado y que ya conoce.
Para romper con este círculo vicioso, la UNAM sugiere tomar en cuenta estos puntos:
- Anular cualquier contacto con la persona durante al menos 30 días. Es decir: nada de ver sus perfiles en redes sociales, nada de citas, nada de hablarle.
- Conocer a otras personas: aunque no sea en un afán amoroso, tener contacto con alguien más ayuda a recuperar la confianza y el autoestima.
- Buscar un remplazo sano: para evitar caer en la misma dinámica, vale la pena llenar esos espacios compartidos con actividades de autocuidado.
- Hacer ejercicio: el cuerpo necesita sacar el estrés de alguna manera, y mantener la actividad física constante es una buena alternativa para conseguirlo.
Antes que nada, habría que entender que una ruptura amorosa involucra el estrato emocional y físico de las personas. A nivel neuronal, romper con los patrones bioquímicos del cerebro en abstinencia puede ser doloroso y desafiante.
Por ello, también, siempre vale la pena rodearse de personas queridas y tener paciencia. El proceso para sanar no es lineal. Llevar ese proceso con la gente que queremos lo hace, al menos, más llevadero.
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