Desde la trilogía de Volver al futuro, los viajes en el tiempo se volvieron favoritos del público y un recurso muy socorrido por los realizadores de cine.
Primero hay que aclarar que el viaje en el tiempo no es un género cinematográfico, es un recurso que usan los cineastas para conectarlo con otros géneros como comedia (La magnífica aventura de Bill y Ted), romance (El secreto de Adaline), o acción (Predestinación). El público ama los filmes con este tema, pero ¿cuándo comenzaron exactamente? De cierto modo, los viajes en el tiempo y el cine van de la mano casi desde el principio: ¿acaso el ver una película, ya sea de época, o una realizada unos años atrás, no es una especie de viaje en el tiempo?
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Antecedentes
Uno de los primeros viajes en el tiempo en el cine es la silente A Connecticut Yankee in King Arthur’s Court (1921), adaptación de la obra homínima de Mark Twain donde el protagonista, tras recibir un golpe en la cabeza con una pelota de beisbol despierta en la época medieval.
Queda así establecido un formato para las películas de la época: el protagonista cae o aparece en el pasado, donde se enamora y le suceden distintas aventuras. Así fue con la versión hablada de A Connecticut Yankee…, hecha diez años después y con ejemplos como Berkeley Square, Turn Back the Clock, ambas de 1933; o Time Flies (1944).
En estos filmes, como en los que siguieron en años posteriores, no se hacía demasiado énfasis en cómo el protagonista viajaría en el tiempo, si no en lo que haría una vez que estuviera ahí.
Con La máquina del tiempo (1960) hay un par de avances importantes en las películas con este tema: el filme de George Pal obtuvo el Oscar por Mejores Efectos Especiales y se hace un apunte respecto al miedo que imperaba por la Guerra Fría, cuando el protagonista “pasa” por el año 1966 y es testigo de un holocausto nuclear.
El tiempo es oro
El viaje en el tiempo encontró su época dorada en los años 80 con los filmes que luego derivarían en lucrativas franquicias: Terminator (1980) y sobre todo, Volver al futuro (1985). La anterior, con la dirección de Robert Zemeckis y el guion de Bob Gale, tenía todo para cautivar tanto al público promedio, asistente a las salas de cine, como a los deseosos de ver “ciencia” en el porqué del viaje en el tiempo.
Así, con un “condensador de flujo” equipado dentro de un automóvil, y que funciona a altas velocidades -y una base de plutonio- se puede llegar a cualquier época en la historia, hacia atrás o hacia delante. Los realizadores tuvieron el acierto de presentar el choque de culturas entre un adolescente del presente –entonces los 80– y la vida en un pueblo promedio de los Estados Unidos de los años 50, todo en una dinámica comedia, con oportunos efectos especiales y con un asunto de paradoja del tiempo que resolver.
A partir del éxito Volver al futuro es cuando más realizadores empiezan a utilizar el viaje en el tiempo como artilugio en otros géneros, más allá del de aventuras, como mencionamos al principio.
Viajes accidentados
En las siguientes décadas, entre las docenas de viajes en el tiempo plagados de lugares comunes, surgieron cineastas interesados en presentar el tema de formas mucho más creativas y ¿por qué no? también creíbles. Ya no era tan importante mostrar un elaborado artilugio con aparatosos efectos especiales para realizar el viaje, se hacía más énfasis en mostrar interrogantes y las posibles paradojas que planteaba dicho viaje.
Así, Terry Gilliam realiza 12 monos (1995), en donde los sobrevivientes de una terrible epidemia en el año 2035 envían a sus prisioneros como conejillos de indias a través del tiempo. Eso es lo que sucede con Cole (Bruce Willis) quien tiene la misión de impedir que el virus de dicha epidemia surja en algún momento de finales del siglo XX; toda la información que se tiene es la de que un supuesto Ejército de los 12 monos es el causante.
El filme está basado en el cortometraje francés La Jetée (1962) donde un grupo de científicos envían a un hombre al pasado una y otra vez para ver si se puede evitar la III Guerra Mundial. Con 12 monos somos testigos de los primeros viajes en el tiempo que no son divertidas aventuras ni que mucho menos tienen finales felices.
El efecto mariposa
En El efecto mariposa (2004) Evan tiene la capacidad genética de viajar en el tiempo cada vez que lee los diarios que ha escrito desde su infancia. Lejos de ser un filme optimista, El efecto… muestra la difícil infancia de los protagonistas y trata el terrible tema del abuso sexual infantil.
Así, el protagonista viaja varias veces al pasado para tratar de “arreglar” su vida y la de los hermanos Kayleigh y Tommy, víctimas de un padre abusivo. Pero cada pequeña alteración que hace en el pasado, resulta en peores y peores vidas para él y sus amigos.
Aunque fue criticada porque los cambios sólo se veían reflejados en Evan y sus amigos, sin ningún tipo de efecto hacia el exterior, como sí debería pasar en un efecto mariposa, la película es el epítome de que un viaje en el tiempo es igual a desastre y ganó el estatus de filme de culto y tuvo un par de secuelas de menor presupuesto.
Primero lo Primer
Con el cine hecho fuera de los grandes estudios, el viaje en el tiempo dejó de ser la gran aventura que se emprendía normalmente para grandes y nobles metas como salvar el mundo de alguna plaga, guerra o plan malvado. Para terminar, revisemos la película que muchos consideran más “científica” del tema: En el 2004, Shane Carruth, un ex ingeniero de software, estrenó Primer, una película sobre viajes en el tiempo cuyo presupuesto fue de sólo 7,000 dólares.
En el filme, el mismo Carruth y David Sullivan interpretan a Aaron y Abe, un par de ingenieros que accidentalmente descubren una manera de viajar al pasado. Sin embargo, los recursos de los que disponen sólo les permiten ir unas horas atrás, tiempo suficiente para enterarse de cómo se comportará la Bolsa de Valores durante un día para, cuando regresen a la mañana del mismo día, poder ganar mucho dinero.
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Sin embargo, hay una serie de estrictas reglas a seguir: durante el transcurso del día en que viajarán, Aaron A y Abe A deben estar en completo aislamiento. Esto para no interactuar con ninguna persona y evitar cualquier tipo de paradoja. Al final del día laboral, Aaron A y Abe A inician la máquina y vuelven a la mañana de ese día, en el que Aaron B y Abe B, harán las transacciones en la bolsa. Es decir, durante el día laboral, las dos versiones de Aaron y Abe coexisten al mismo tiempo, sólo que los primeros están aislados y su única labor será entrar a la máquina, la “caja”, para desaparecer en la existencia. Como es de esperarse, esas reglas se romperán muy pronto y dobles tanto de Aaron como de Abe tratarán de tomar control uno sobre el otro.
Carruth utiliza la jerga tecnológica que le es familiar en los diálogos, y aunque puede resultar confuso, funciona para que el público se inmiscuya en la historia, sin necesidad de elocuentes efectos especiales. Aunque, hay que admitirlo, puede que no se entienda del todo a la primera.
Aun con las limitantes de un filme independiente, las interrogantes y dilemas del viaje en el tiempo que ofrece Carruth, muy lejanas del filme-con-viaje-en-el-tiempo hollywoodense, le acarrearon toda clase de premios, el nivel de filme de culto y el título, por parte de muchos cinéfilos, de ser la película que presenta el viaje en el tiempo más realista.
Texto: Olivier Fuentes
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