Covidiota: s. m. y f. Persona que se niega a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid.
Hace calor. El antro es un espacio cerrado. La música no deja escuchar lo que pasa en el exterior. Afuera, un cadenero se cerciora de que los policías locales no se acerquen, porque las autoridades sanitarias todavía no permiten este tipo de reuniones. Eso sí: antes de que los clientes entren, les toma la temperatura y les pide que se apliquen gel antibacterial.
A raíz de las irresponsabilidades que personas han cometido con respecto a la pandemia, nuevos términos han proliferado en los medios. No importa la edad, nacionalidad, género ni condición socioeconómica: el término covidiota abarca a cualquiera que haya desconsiderado los parámetros sanitarios —y a los demás— en su propio beneficio. Hoy, la RAE lo reconoce como parte del diccionario.
Covidiota: un mal de época

Según la RAE, no se necesita ser parte de un festejo multitudinario para ser un covidiota. Basta con rehusarse a utilizar el cubrebocas o a mantener la sana distancia con los demás. Independientemente de si una persona se ha vacunado o no, las reuniones masivas, negación del virus y la falta de cultura cívica en torno a la emergencia sanitaria global hacen que la gente caiga en esta categoría, recién agregada al diccionario por la RAE.
Además de este término, la institución española añadió “coronabebé“, “coronaplauso” y “coronadivorcio” al listado de palabras reconocidas por la lengua de manera oficial. Fuera de contexto, posiblemente no tendrían sentido. Sin embargo, a más de un año de comenzada la emergencia sanitaria global, cada un tiene un peso diferente en la vida de las personas.
Podría ser que la más sonada de todas sea covidiota. Las personas que decidieron que “la vida sigue” en favor de sus necesidades personales posiblemente fueron los agentes de contagio que no han permitido verle fin a la pandemia por coronavirus. Los protocolos globales de higiene les importan muy poco.
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Afuera de la caverna

Las acepciones del término recién acuñado por la RAE son diversas:
Para algunos, el virus sigue siendo cuestión de una conspiración de la élite en el poder para controlar a la población. Más allá del velo turbio que generan estas aseveraciones sin sustento científico, el panorama es diferente. Podría ser que la definición de la RAE no abarque la totalidad de la realidad social que dio pie a la palabra.
Los índices de contagios en jóvenes menores a 15 años aumentan rápidamente: 1 de cada 3 casos de pacientes recuperados presentan síntomas severos de enfermedades mentales, cuyas afecciones prometen consecuencias a largo plazo. Un número creciente de pacientes con síndrome COVID-19 prolongado ocupan camas en los hospitales del mundo.
Aún así, la actitud de “ir a una fiesta no hace la diferencia” es útil para describir a los covidiotas. Aquellos que aseguran estar “cuidándose mucho” persiguen la idea de que el cubrebocas quizás no es la solución para detener la propagación del virus, porque de todas formas, ya tienen una cita agendada en Houston para vacunarse la próxima semana.
Dijo Platón que los seres humanos vivimos entre sombras, al interior de una cueva que nos impide ver la verdadera esencia de las cosas. Podría ser que la alegoría de la caverna cobre un resplandor diferente, a la luz de quienes se niegan a aceptar una mirada más crítica y consciente con respecto a su accionar pandémico.
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