Desde las sombras, Fernando Gutiérrez Barrios orquestó una de las más grandes tragedias sociales en la historia de México: la matanza de estudiantes en Tlatelolco.
2 de octubre de 1968. No ha iniciado la mañana y en las oficinas de la Secretaría de la Defensa Nacional ya se discute cómo reaccionará el gobierno a la enorme manifestación que estudiantes de universidades públicas y privadas realizarán esa tarde en Tlatelolco. Se habla de vigilancia secreta, de tomar algunos departamentos en edificios cercanos a la Plaza de las Tres Culturas e incluso de infiltrar a miembros del Ejército y del Estado Mayor Presidencial entre los protestantes. Al final, alguien propuso una acción criminal: fingir un enfrentamiento entre fuerzas militares que permitiera disipar el mitin, arrestar a los líderes estudiantiles y cambiar la imagen que la sociedad mexicana tenía sobre los estudiantes. Ese alguien fue Fernando Gutiérrez Barrios, un exmilitar convertido en político que por años manejó desde la oscuridad los aparatos de inteligencia del Estado.
Lo que sucedió durante las siguientes horas se convirtió en una de las grandes matanzas de la historia de México. Elementos al servicio del gobierno dispararon y acabaron con la vida de decenas de jóvenes inocentes. También arrestaron, torturaron y desaparecieron a cualquiera que tuviera la mala suerte de cruzarse en su camino. Gutiérrez Barrios orquestó una tragedia nacional bajo el cobijo del presidente Gustavo Díaz Ordaz. Y después vivió en la impunidad.
¿Quién fue Fernando Gutiérrez Barrios?
Nacido el 26 de octubre de 1927 en Veracruz, Fernando Gutiérrez Barrios estaba convencido de que su única finalidad en la vida era servir a la Nación. Bajo esta idea ingresó en las filas del Ejército Mexicano cuando tenía solo 16 años. Allí tuvo una carrera regular que le permitió demostrar su valía ante ciertos elementos importantes de la política mexicana, uno de ellos fue Miguel Alemán Valdés, quien se convertiría en presidente de la República en 1946.
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Con solo un año en la silla presidencial, Alemán ordenó la creación de la Dirección Federal de Seguridad, un organismo gubernamental cuasi secreto que se encargaría de diversas operaciones de inteligencia, incluyendo cubrir la agenda estratégica del presidente en sus recorridos por el país. Gutiérrez Barrios, que había abandonado las Fuerzas Armadas previamente, fue uno de sus primeros elementos.

Durante los siguientes años, el exmilitar escaló en el organigrama de la DFS. En 1952, a dos años de convertirse oficialmente en un militante del PRI, fue nombrado jefe de Control Político. Cuatro años después, una vez que su nombre se había hecho conocido dentro de la estructura gubernamental por su trabajo en el arresto y espionaje de militantes cubanos en México, se le otorgó el cargo de subdirector federal de Seguridad. En 1964, año del ascenso de Gustavo Díaz Ordaz, finalmente se convirtió en el director de la DFS.
Un extraño enemigo
Sin que nadie pudiera evitarlo, Fernando Gutiérrez Barrios se consagró como una de las personas más influyentes de la política mexicana. Bajo sus órdenes, se construyeron casos contra adversarios, se enterraron investigaciones inconvenientes para el poder y se marcaron enemigos a los que se intentaría exterminar a cualquier precio. La DFS se había vuelto un brazo armado más al servicio del Gobierno y sus líderes.
En 1968, Gutiérrez Barrios recibió una misión especial de sus jefes: proteger la realización de los Juegos Olímpicos de México. Para ello ordenó la creación del Batallón Olimpia, un grupo paramilitar con casi 2000 elementos que tenían autorización para actuar sin normas, ni frenos. Cuando un grupo de estudiantes –a tono con las manifestaciones juveniles que habían movido a Europa en la época– amenazó con boicotear el evento deportivo, Gutiérrez Barrios puso en marcha un plan que evitara el levantamiento de los insurgentes.
Entre mediados de septiembre y principios de octubre, el Batallón Olimpia se encargó de infiltrarse en el movimiento estudiantil y conocer sus planes. Así fue como se enteraron de la importancia que tendría el mítin del 2 de octubre en Tlatelolco. Con toda la información recopilada, el director de la DFS propuso a sus iguales en el gobierno actuar con cautela. En el momento en que Díaz Ordaz pidió “poner un alto” a los estudiantes, Gutiérrez Barrios ordenó el inicio de la Operación Galeana. Horas más tarde, la sangre de inocentes se había derramado en las calles de la capital.
¿Qué pasó con Fernando Gutiérrez Barrios?
Aunque las consecuencias de la matanza en Tlatelolco fueron evidentes, Gutiérrez Barrios no recibió castigo alguno. Por el contrario, su actuar fue recompensado por las siguientes administraciones presidenciales. Luis Echeverría, también involucrado en el génesis de los eventos del 2 de octubre del 68, lo nombró subsecretario de Gobernación en su sexenio. Miguel de la Madrid, por su parte, lo llamó a encabezar la Dirección General de Caminos y Puentes Federales (CAPUFE) entre 1982 y 1986.
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En 1986, el Partido Revolucionario Institucional lo propuso para convertirse en gobernador de Veracruz. Después de unas competitivas elecciones, Gutiérrez Barrios alcanzó su primer puesto de representación popular. Sin embargo, solo duró en el cargo dos años, pues en 1988 aceptó la invitación de Carlos Salinas de Gortari para convertirse en secretario de Gobernación, en sustitución de Manuel Bartlett, el hombre encargado del fraude electoral de las elecciones de ese mismo año.

Durante sus últimos años de vida, Fernando Gutiérrez Barrios continuó siendo una figura importante al interior del Estado. De hecho, cuando fue secuestrado en 1997, el gobierno de Ernesto Zedillo se movilizó para que fuera liberado sin mayores escándalos. El 30 de octubre 2000, semanas después de convertirse en senador, Gutiérrez Barrios murió mientras se sometía a una cirugía. Las razones de su misterioso deceso nunca fueron explicadas y quienes trabajaron con él apostaron por el olvido. Y así pudo haber sido, de no ser por la revelación en 2006 de que el entonces director de la DFS había colaborado con la CIA en investigaciones en suelo mexicano. Aún muerto, el hombre que movió los hilos del país desde la oscuridad seguía revelando sus secretos.
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