La cacería de niños albinos en África es una realidad y un caso de emergencia sobre temas como la intolerancia y la discriminación.
Para las personas albinas que habitan en diversos países de África, su condición las lleva a vivir señaladas. En especial, la población infantil. Debido a creencias infundadas relacionadas a la brujería, los niños con albinismo se convierten en objeto de rechazo, pero también de persecución. La cacería de niños albinos en África es una realidad y un caso de emergencia sobre temas como la intolerancia, la discriminación y los prejuicios.
Brujos y curanderos locales de países como Tanzania, Mozambique o Malawi se han encargado de difundir creencias equivocadas acerca de los niños albinos africanos. Estos personajes creen que la nariz, los dientes, los dedos, la lengua, las manos, los pies, los ojos, el cabello o los genitales de un albino pueden ser utilizados para curar algunas enfermedades.
Asimismo se cree que pueden ser buenos remedios o amuletos para generar riquezas, éxito o conquistas sexuales.

En Zimbabwe, a los albinos se les conoce como sope, que se podría traducir como espíritu o fantasma vengativo, ya que se cree que los han sido invadidos por seres malignos que son la causa del color blanco de su piel, cabello y ojos.
Una situación de emergencia
El albinismo afecta a una de cada 1,400 personas en África. Esta enfermedad se presenta cuando una condición genética recesiva limita la producción corporal de melanina y produce falta de pigmentación en la piel, cabello y ojos. Esto se puede traducir en cáncer de piel o daño ocular.
Las personas con esta condición son demasiado visibles en sus comunidades, lo que las lleva a vivir recluidas para evitar ataques, secuestros y asesinatos. Sin embargo, a veces esto no es suficiente para estar seguros.
Pueden sufrir secuestros en cualquier sitio, ya sea dentro de sus casas o de camino a la escuela. A menudo desaparecen y no se les vuelve a ver. En otras ocasiones, sus cuerpos son hallados con signos de mutilación, dependiendo el tipo de hechizo que se quiera hacer con ellos.
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Sus familias y su entorno más cercano también corren el riesgo de sufrir el rechazo social y la discriminación en sus sociedades. En algunas ocasiones, las mismas familias son las que venden o abandonan a los niños con albinismo con tal de no verse afectadas.
La mayoría de los niños que padecen albinismo viven en aldeas pobres alejadas de todo sistema de justicia. Esto también ha permitido que los cazadores (conocidos como cazadores de cuerpos) actúen de manera impune.
Las partes que se les sustraen de su cuerpo a los niños y personas con albinismo se venden en el mercado negro a precios elevados.
Programas de apoyo
La cacería de niños albinos en África es una situación tan delicada que la organización de refugiados de las Naciones Unidas comenzó a trasladarlas junto a sus familias a Canadá y otros países desde 2017.
Además de los cazadores, el otro gran enemigo de las personas con albinismo es la sobreexposición al sol. Ante las pocas oportunidades de adquirir cremas protectoras y ropa adecuada acaban desarrollando lesiones cutáneas.
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Éstas pueden convertirse en cánceres de piel y derivar en metástasis. En África las personas con albinismo difícilmente superan los 40 años de edad.
Por ello es que existen programas locales que ofrecen apoyo a las familias con niños albinos: se les proporciona protector solar, sombreros y gafas de sol. Asimismo, se educa a los profesionales de la salud sobre la condición genética de estas personas, para fomentar la disminución de los estigmas.
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