Una escuela completa escapó del régimen nazi. La maestra Anna Essinger planeó todo para salvar a 66 niños. Años después se convirtieron en 900.
El régimen nazi irrumpió en Alemania y en la vida de millones de judíos el 30 de enero de 1933, cuando Adolf Hitler fue designado canciller y se puso fin a la democracia. Ocho meses después del nuevo régimen, la maestra Anna Essinger y decenas de niños de la escuela Landschulheim Herrlingen lograron huir simulando un tradicional viaje escolar.
El 5 de octubre de 1933, padres, estudiantes y maestros echaron a andar el escape secreto que planificaron durante seis meses con la ayuda de la profesora Anna. Ese día, las familias se rompieron, los padres dieron todo para que sus hijos pudieran salir sin levantar sospechas. En Alemania las libertades básicas habían sido abolidas y el abandono masivo del país estaba prohibido.
La maestra y directora de la escuela creó tres grupos que saldría del país desde diferentes puntos. Maestros y miembros del personal de la escuela coordinaron el escape, los padres llevaron a sus hijos a diferentes estaciones de tren elegidas estratégicamente.
Una huída sin despedidas
No todos los padres pudieron asistir a la despedida. Era parte del plan. Solo unos cuantos vieron a los niños subirse al tren. Ese día no hubo lágrimas ni abrazos efusivos, la Gestapo no debía notar que este era un viaje sin retorno para los pequeños.
Tres rutas ferroviarias fueron claves, a través de ellas Martin Schwarz, el profesor de asuntos religiosos; Paula Essinger, hermana de Anna y enfermera de la escuela, y Hanna Bergas, la profesora de idiomas y artes, se encargaron de recoger discretamente a un niño o pequeños grupos en cada estación, según documentó Deborah Cadbury, autora de La escuela que escapó de los nazis.
“Fue una despedida tranquila y moderada”, escribió Bergas en sus memorias. “Se había pensado y hablado mucho sobre este momento en las semanas anteriores y ahora todo el mundo estaba controlado”.
Los niños habían empacado artículos suficientes para dos años, aun así todo debía pasar desapercibido. Contrario a los dos años que pensaban que estarían fuera, estos se convirtieron en 12 años del régimen Nazi en el poder.
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¿Cómo inició el escape de Anna Essinger y sus estudiantes?
El régimen Nazi lo controlaba todo, meses después de su llegada al poder, Anna Essinger recibió una notificación para que ondeara una esvástica sobre su escuela en Herrlingen.
Según el ensayo de Deborah Cadbury, la esvástica sobre la escuela se convirtió en el faro que le mostró a la maestra que no había futuro para ella y sus estudiantes en el país.
“Sentí que Alemania ya no era un lugar para criar a los niños con honestidad y libertad”, apuntó tiempo más tarde.
“Tante” o tía Anna, como se le conoció años después, fue la mayor de nueve hijos y autofinanció sus estudios en Estados Unidos, ahí hizo una licenciatura y maestría en educación en la Universidad de Wisconsin, en Madison.
Veinte años después, regresó a su país y fundó su propia escuela cerca de Ulm, el lugar donde nació; desterró la enseñanza tradicional alemana, y la sustituyó por una que despertara la creatividad y la curiosidad de los niños. Su método también se basó en el modelo impulsado por la pedagoga Maria Montessori.
Una escuela para Anna lejos de Alemania
El lugar que acogió a Anna Essinger, profesores y 66 estudiantes fue Otterden, Kent, en Inglaterra. En una casa se retomó la escuela que había quedado varios kilómetros atrás y se convirtió en un hogar para todos.
Bunce Court School, como fue conocida la escuela, se financió con donaciones que la maestra había conseguido meses antes, así el lugar de enseñanza pudo seguir recibiendo niños en su mayoría judíos que huían del nazismo. A lo largo de los años, llegaron refugiados de Alemania, Austria, Checoslovaquia y Polonia.

La Asociación de Refugiados Judíos documentó que Tate Anna recibió en este y otros lugares habilitados para la enseñanza y cuidado a más de 900 niños que huyeron de la barbarie. Bunce Court cerró en 1948, cuando la salud de la maestra empezó a decaer.
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