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Enrico Fermi es autor de una paradoja que lleva su nombre y que intenta explicar la razón por la que ninguna civilización extraterrestre ha hecho contacto con nosotros los terrícolas. La ilusión de saber si hay otra raza inteligente ha sido fruto de estudios e historias desde épocas remotas, pero hasta el momento no tenemos indicio alguno de que estemos acompañados en el universo. La razón, según un nuevo estudio, es muy clara: el problema es nuestro Sol.
Usando como base la ecuación de Drake, Jacob Haqq-Misra y Thomas J. Fauchez son los autores de esta nueva hipótesis que se publicó en The Astronomical Journal. La misma parte desde el supuesto de que las civilizaciones tecnológicamente avanzadas viajan de una estrella a otra en busca de una expansión o de una supervivencia de su raza. Pero en ese trayecto puede darse la posibilidad de que haya sistemas solares que simplemente no les son atractivos.
Cabe destacar que la ecuación de Drake es un intento por calcular el número de civilizaciones que podría haber en nuestra galaxia según el ratio de formación de estrellas, cuántas de esas estrellas albergan planetas a su alrededor, y cuántos de esos planetas podrían estar en una zona habitable.
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Después de ello estima cuántos de esos planetas habitables podrían desarrollar vida y cuántas de esas formas de vida podrían desarrollar tecnología avanzada como para dar muestras de su presencia en otras partes del Universo.
Jacob Haqq-Misra y Thomas J. Fauchez creen que estas civilizaciones buscarían expandirse por estrellas enanas de tipo K o M, pues son estrellas mucho más longevas, algo que la ecuación de Drake omite en su fórmula.
Nuestro Sol es una estrella de tipo espectral G2 y luminosidad V. Por su parte, las estrellas tipo K son enanas naranjas y las tipo M son enanas rojas. Ambos tipos tienen la característica de que son menos luminosos que nuestro Sol, pero aún pueden ser habitables. Y hay algo importante: son estrellas que duran mucho más tiempo en su secuencia principal y son más estables que nuestro Sol.
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Nuestro Sol tiene una edad de 4.600 millones de años y su secuencia principal aún durará otros 10.000 millones de años, según los cálculos de los expertos. Sin embargo, se calcula que en unos mil millones de años comenzará su expansión y con ello acabará con la vida tal y como la conocemos en la Tierra.
En cambio, las estrellas de tipo K se mantienen estables durante periodos de entre 25 y 80 mil millones de años. Esto haría que cualquier civilización que busque un lugar para vivir a largo plazo, elija estos sistemas en lugar de nuestra galaxia.
“Pero no sabemos mucho más sobre si esa expansión a escala galáctica sería o no habitual o deseable para las civilizaciones tecnológicas en general”, escriben los autores de este nuevo estudio.
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