Si empiezas a ver caras en todos lados, no: no fuiste víctima de un embrujo. Puede que padezcas de pareidolia. Así funciona.
Nos ha pasado. Al caminar por la calle, parece que los coches tienen cara. Algunos están ‘enojados’; otros, ‘tristes’ o ‘felices’. Todo está en el diseño de su ‘rostro’. Lo mismo sucede con las nubes, los semáforos o cualquier objeto inanimado que, por su diseño o características particulares, parece que nos observa. A estas coincidencias se les conoce como ‘pareidolia’: el fenómeno misterioso de encontrar caras en todos lados.
Un estudio reciente publicado en PNAS asegura que esta capacidad de ver rostros en las cosas está asociada con nuestros sentimientos más básicos. Lo que es más: tendemos a pensar que las ‘caras’ en los objetos son masculinas, y no femeninas:
“Las emociones, por otro lado, fueron bastante variadas, con el 34 % de las imágenes percibidas como felices, el 19 % sorprendidas, el 19 % y el 14 % enojadas”, escribieron los autores.
Por esta razón, es común encontrar a los niños pequeños jugando a verle caras a las cosas. Les divierte. Sin embargo, el fenómeno va mucho más allá de reconocer formas chistosas en los objetos sin vida. Aquí te explicamos por qué.
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¿Qué significa ver caras en todos lados?

Si empiezas a ver caras en todos lados, no: no fuiste víctima de un embrujo. Puede que padezcas de ‘pareidolia’. De acuerdo con su raíz etimológica, el término quiere decir ‘figura’ o ‘imagen’ que se parece a algo más. Se manifiesta especialmente en los objetos inanimados, a los que asociamos sentimientos o expresiones humanas.
Por ejemplo, es común pensar que las nubes sonríen, o que la parte frontal de los coches tienen ‘cara de enojados‘. El punto es que percibimos que los objetos cotidianos —sin vida— muestran gestos humanos. Aunque originalmente se estudiaba como una patología psiquiátrica, la realidad es que es muy común que la gente le encuentre cara a las cosas inanimadas.
Por esta razón, la pareidolia ha perdido el sentido patológico en el lenguaje coloquial. Lo verdaderamente extraño es que sólo algunos objetos evocan este sentimiento de ‘parecer rostros’, mientras que otros podrían pasar desapercibidos.
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¿Qué pasa si tengo pareidolia?
Este fenómeno se ha aprovechado en ciertas terapias psicológicas para desentramar traumas de infancia, de manera que los pacientes los enfrenten y puedan salir adelante en su proceso personal.

Un ejemplo claro es la prueba de Rochard, como se muestra en la fotografía anterior. Los terapeutas muestran una mancha a los pacientes. De esta manera, según explica Britannica, los pacientes proyectan su vida interior en la imagen, y le asocian un significado que revela más de ellos mismos.
Ahora, si de plano estás viendo caras que te siguen a todos lados, es momento de ir con un especialista. Especialmente, si estas miradas ficticias te generan ansiedad, estrés o francos pensamientos persecutorios.
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¿Qué causa la pareidolia?

Algunos artistas visuales, como Salvador Dalí o Giuseppe Arcimboldo, han usado la pareidolia para desarrollar propuestas estéticas que retan a la mente. El ejemplo anterior es preciso, en tanto que sólo se trata de una canasta de frutas. Inmediatamente, el cerebro lo asocia al rostro de una persona regordeta con las mejillas rojas.
Sin embargo, no es el caso. Sólo es una canasta con frutas de cabeza. Aunque la intención claramente es generar la ilusión de un rostro humano, la realidad es que Arcimboldo sólo jugó con la posición de las peras, manzanas y uvas para generar esa imagen ‘falsa’.
En otros casos, la pareidolia puede llevar a las personas a obsesionarse con que alguien les está persiguiendo. Aunque no sea el caso, la presión de miradas ajenas puede ser destructiva. Lo que es más: algunas teorías de la conspiración aseguran que han encontrado caras en Marte diseñadas por alienígenas. Al día de hoy, no existe evidencia de que éste sea el caso.
Visto así, las teorías de vida extraterrestre inteligente podrían ser sólo una manifestación más de pareidolia.
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