La cinofobia tiene sus raíces en traumas del pasado, como ataques violentos de perros, o un miedo heredado por los padres de familia.
Hay personas que ven en los perros no solo a sus mejores amigos y una agradable compañía, sino un complemento para sus vidas. Les dan lo mejor, los atienden con mimos y están al pendiente de su salud. Incluso, algunos perros pueden servir como método de terapia para aliviar el sufrimiento de ciertos pacientes. En cambio, hay otro grupo de personas que les tienen un miedo descomunal, que raya en el rechazo total. Hablamos de los pacientes que padecen de cinofobia. ¿En qué consiste realmente este término?
Qué es la cinofobia y cómo se manifiesta

Nos referimos a un sentimiento de miedo hacia los perros, que puede llegar a ser extremo. Las personas que padecen de cinofobia experimentan una sensación de ansiedad cuando tienen a un perro cerca de ellos. Incluso, esta ansiedad se puede desencadenar con el solo hecho de pensar en la posibilidad de encontrarse con uno.
Además de lo anterior, la persona con cinofobia puede presentar episodios de pánico y temor, y una gran necesidad de huir para evitar el encuentro con el perro. Esto incluso lleva a la persona a evitar las visitas a casas de familiares o amigos que tienen un perro como mascota.
A nivel físico, la cinofobia puede desencadenar sudoración excesiva, sequedad en la boca, dificultad para respirar, temblores, malestar intestinal, tensión en los músculos y aumento de la frecuencia cardiaca.
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Hechos traumáticos del pasado, la clave para entender la cinofobia

La causa más frecuente es un trauma originado en la niñez o adolescencia. Puede ser que la persona con cinofobia haya sido atacada por un perro, lo cual se guarda en los recuerdos como una experiencia dolorosa.
También puede existir una especie de condicionamiento irracional inculcado en la niñez por parte de los padres. Si un padre le cuenta a un hijo alguna experiencia negativa vivida con los perros y le dice que éstos son peligrosos, el niño desarrollará un rechazo y/o miedo hacia el animal.
Pero no solo se desarrolla cinofobia por alguna experiencia vida en carne propia, sino también por experiencias ajenas. Por ejemplo, ser testigo del ataque violento de un perro a otra persona.
Asimismo, los expertos señalan que puede existir cierta predisposición genética a desarrollar esta fobia. Sin embargo, podemos hablar de una reacción aprendida en la interacción con el ambiente o con recuerdos dolorosos relacionados con un perro.
Cómo se puede superar este miedo

La terapia de exposición es la más adecuada y común en estos casos. Es decir, que el paciente se acerque gradualmente a la fuente de su fobia y aprenda a convivir con ella hasta que se percate de que no es aterradora.
En el caso de los niños se debe hacer con precaución, ya que una exposición inadecuada o brusca puede conducir a una retraumatización. Para el caso de los infantes, una idea que puede ayudar a que sepa convivir con los perros es el acercamiento y crianza de un cachorro. Ver a un perro desde su crecimiento, puede ayudarle al niño a darse cuenta de que estos animales no son peligrosos.
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