El Monstruo de Londres apuñalaba a sus víctimas en los muslos, las nalgas, los pechos o la cara con un cuchillo. Esta es la historia.
Los aficionados a la historia del crimen conocen bastante bien el nombre de Jack el Destripador, el asesino que aterrorizó a Londres en 1888. Sin embargo, un siglo antes, otra figura aterradora desató una ola de locura y miedo en la misma ciudad. Nos referimos al Monstruo de Londres, un criminal al que la historia ha dejado un tanto relegado.
La historia del Monstruo de Londres va de 1788 a 1790, época en la que el villano atacó a mujeres que iban solas por las calles. La mayoría de las víctimas eran damas que vestían bien, a la moda y tenían mucho dinero. El Monstruo las apuñalaba en los muslos, las nalgas, los pechos o la cara con un cuchillo.
El atacante solía esconder su arma dentro de un ramo de flores, se acercaba a la víctima y la invitaba a oler la fragancia de las flores. Cuando la mujer se agachaba, el villano aprovechaba para apuñalar a su víctima en la nariz u otras partes del cuerpo.
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Además de ello, el Monstruo de Londres exhibía otro tipo de comportamientos como merodeo, acechamiento y abusos verbales. Para 1790, el misterioso personaje ya tenía en su lista a 50 mujeres atacadas.
El nivel de pánico era tal que cualquier ataque con cuchillo se atribuía al Monstruo cuando podía ser obra de otra persona.
Algunas fuentes afirman que las mujeres londinenses estaban tan asustadas que colocaban ollas y sartenes en sus voluminosas faldas para que sirvieran de armadura contra las puñaladas o los pinchazos del atacante.
A la caza del Monstruo de Londres
Para entonces, el criminal era una celebridad en la ciudad y todos los periódicos de la época le dedicaban muchas páginas a su caso. La justicia no tenía pistas sobre quién o quiénes podían ser los autores de los ataques contra las mujeres.
El Monstruo de Londres tenía tan asustada a la sociedad londinense que el corredor de bolsa John Julius Angerstein, ofreció una recompensa de 100 libras por su captura.
Un grupo de hombres llegó a fundar el Club de los No Monstruos, llevando insignias del mismo. Con tal de cobrar la recompensa, comenzaron a circular falsas acusaciones, alimentadas por el sensacionalismo de los medios de comunicación.
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El chivo expiatorio
De manera lamentable, Rhynwick Williams, un ciudadano galés, fue acusado y enviado a prisión durante seis años con la excusa de que él era el autor de los ataques. La historia afirma que no fue más que un chivo expiatorio para que la fuerza policial pudiera cerrar el caso del Monstruo de Londres y cubrir su incompetencia.
Al momento de los interrogatorios, varias presuntas víctimas no identificaron a Williams como su agresor. Incluso, hubo momentos en los que algunas mujeres que afirmaron ser víctimas del Monstruo de Londres cambiaron más tarde sus historias diciendo que no fueron atacadas en absoluto.
El hombre no encajaba en el perfil de un asesino desquiciado. Williams era violinista y bailarín, pero ninguna de las dos profesiones le daba para vivir, así que trabajaba en una fábrica de flores artificiales.
Aun así, Rhynwick Williams fue condenado a seis años en la prisión de Newgate. En realidad fue una sentencia bastante leve, dado que los ladrones y delincuentes de la época solían ir a la horca. Quizás el juez tenía dudas sobre su culpabilidad.
Lo que es un hecho es que los ataques cesaron cuando Williams fue a prisión, lo que da pie a sospechar que, en efecto, era el responsable.
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El investigador Jan Bondeson dio a conocer la historia del Monstruo de Londres en 2002 cuando publicó el libro The London Monster: A Sanguinary Tale. En este documento nos cuenta que el primer ataque del que se tiene constancia de este delincuente fue contra Maria Smyth. La mujer sufrió una crisis nerviosa tras ser apuñalada en el pecho y el muslo por el Monstruo.
Al igual que en el caso de Jack el Destripador, nunca se supo quién fue el Monstruo de Londres. Algunos afirman que incluso es probable que jamás existiera y que todo se tratara de una historia que se exageró a través de los medios y la histeria colectiva.
El Monstruo de Londres, si es que existió, pudo tener una condición conocida como “piquerismo”. Esto implica un deseo, generalmente impulsado por un impulso sexual, de perforar la piel de las víctimas con objetos punzantes.
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