Aunque los enseñan en la escuela, estos tres datos “históricos” sobre el Grito de Independencia no son del todo ciertos.
La historia de México está llena de grandes episodios cuya autenticidad puede que no sea totalmente comprobable. El inicio de la lucha independentista es uno de ellos, con el llamado Grito de Independencia –o ‘Grito de Dolores’– figurando entre los “eventos históricos oficiales” más rebatidos por los especialistas e historiadores. De hecho, la versión que se enseña en las escuelas mexicanas sobre lo que pasó entre la noche del 15 y la madrugada del 16 de septiembre de 1810 parece estar llena de datos imprecisos o mal interpretados con el tiempo.
Tres grandes datos sobre el Grito de Independencia que resultaron ser falsos
Considerado el acto con el que dio inicio la guerra de Independencia de México, el ‘Grito de Dolores’ ha sido ubicado durante la madrugada del 16 de septiembre, con el cura Miguel Hidalgo y Costilla invitando a sus feligreses a levantarse en armas en contra el dominio de los españoles.
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A partir de ese punto se desarrolló toda una campaña armada que terminaría en completa paz más de una década después, cuando Vicente Guerrero y Agustín de Iturbide firmaron el fin de la lucha por la libertad de la Nueva España el 27 de septiembre de 1821.
Si bien ambos puntos relevantes en la historia de México han sido corroborados con documentos de la época, reportes oficiales y testimonios escritos, existen algunas imprecisiones entre estos relatos. Estas son suficientes para que algunos expertos pongan en duda la “versión oficial” que se tiene sobre dichos eventos, especialmente el Grito de Independencia. Aquí lo que han dicho a través de las décadas.
Miguel Hidalgo llamó al pueblo a levantarse en armas contra los españoles tocando la campana de la Parroquia de Dolores la madrugada del 16 de septiembre
Quizá el primer dato que vale la pena señalar dentro de la construcción de la historia del ‘Grito de Dolores’ es que este pudo no haber sucedido durante la madrugada del domingo 16 de septiembre, sino en la mañana. Según historiadores, Hidalgo sostuvo varios encuentros con miembros relevantes de Dolores, Guanajuato antes de hablar con el pueblo aprovechando el llamado a la primera misa dominical, entre las 6:00 y las 7:00 horas.
Estos encuentros permitieron que haya muchas versiones sobre lo que el cura dijo –o no– durante su invitación a levantarse en armas. En la mayoría de los casos se asegura que dentro de las arengas se incluyeron vivas a Fernando VII, el continente americano y la muerte del mal gobierno. Incluso algunos, como Fray Diego Bringas, se atrevieron a decir que Hidalgo motivó al pueblo a tomar palos y “coger gachupines”. Sin embargo, Juan Aldama –testigo y parte importante de las primeras luchas independentistas– asegura que Hidalgo fue más mesurado, tratando de conseguir el apoyo de los suyos a través de dádivas o promesas. “Hijos, ayúdenme a defender la patria. ¡Se acabó la opresión! ¡Se acabaron los tributos! El que me siga a caballo tendrá 1 peso. Y el que me siga a pie, 4 reales”, dijo el sacerdote de acuerdo con el relato del capitán Aldama.

En realidad, la prudencia de Hidalgo fue tal que intentó respetar todo tradicionalismo que no fuera necesario terminar. Como muestra de ello, el religioso no tañó la campana de su parroquia como muchos imaginan, sino que pidió al campanero José Galván hacerlo, como le correspondía todas las mañanas de domingo.
Miguel Hidalgo portó un estandarte de la Virgen de Guadalupe durante su llamado a las armas
En las imágenes más conocidas sobre el Grito de Independencia destaca la aparición de un estandarte de la Virgen de Guadalupe que Hidalgo aparentemente portó durante los primeros minutos de su discurso público. Esto no solo concuerda con la instrucción religiosa que el cura recibió durante su juventud, sino que embona perfectamente con las creencias que muchos tenían sobre el papel de la Iglesia Católica en el bien del país.
Esto está apoyado en gran medida en algunos de los registros históricos más importantes de la época, escritos curiosamente por religiosos. Fray Diego Bringas, por ejemplo, aseguró que el párroco de Dolores había gritado “¡Viva la religión!” durante su invitación a tomar las armas; el obispo Manuel Abad y Queip, por su parte, señaló que Hidalgo inició su llamado con un honesto “¡Viva nuestra madre santísima de Guadalupe!”. Esto ha sido descartado por historiadores desde los primeros años de celebración del evento.

Lo mismo sucedió con el uso de un estandarte rectangular durante el ‘Grito de Dolores’. Según registros, Hidalgo convirtió a la Virgen del Tepeyac en un emblema de la lucha insurgente hasta su paso por el santuario de Atotonilco, durante la tarde del 16 de septiembre. Hasta entonces, solo había marchado con rumbo a la capital de la Nueva España con antorchas y armas blancas.
Porfirio Díaz cambió la fecha de celebración del Grito de Independencia para que coincidiera con su cumpleaños
Otro de los mitos más populares sobre el Grito de Independencia es que el presidente Porfirio Díaz cambió su celebración a la noche del 15 de septiembre para que coincidiera con su cumpleaños. Si bien, Díaz instauró el inicio de los festejos por la Independencia a partir de las 11 de la noche del día 15 de septiembre de 1895, esto fue una tradición heredada que el oaxaqueño retomó por interés.
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Como consta en documentos de entre 1823 y 1835, los primeros gobiernos del México instaurado como una República Federal celebraron el “Grito” a la medianoche del 15 de septiembre. Como dato curioso, fue Ignacio López Rayón quien realizó la primera conmemoración pública del Grito de Independencia. Lo hizo en 1912, recordando las acciones del ya fallecido cura Hidalgo, en el municipio de Huichapan.

Lo que Díaz sí hizo fue organizar toda una “fiesta mexicana” alrededor de la fecha. En 1896, instauró verbenas populares donde los ciudadanos podrían reunirse a festejar la Independencia… y de paso a su presidente. Ese mismo año, el dictador se convirtió en el primer mandatario en tañer la misma campana que sonó en Dolores aquella mañana del 16 de septiembre de 1810. Para ello ordenó que el instrumento fuera trasladado desde Guanajuato y colocado en el balcón principal de Palacio Nacional, en el centro de la Ciudad de México. Allí saldría a saludar a su pueblo, gritar vivas a los héroes que nos dieron patria y cerrar el día de su natalicio con aplausos, porras y fuegos artificiales.
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