El ‘efecto Einstein’ hace que las personas crean la información científicamente comprobada sin cuestionársela. Éstas son las consecuencias.
Nos ha pasado. Cuando el título de una publicación en Facebook —o cualquier otra red social— termina con ‘según la ciencia‘ o ‘comprobado por científicos‘, inmediatamente pensamos que la información es cierta y fidedigna. Más aún si vienen de medios reconocidos, oficiales o con cierta validez institucional. Cuando esto pasa, es probable que seamos víctimas del ‘efecto Einstein’.
Aunque la información que se nos presenta sea falsa, esté mal explicada o pueda tener cierto sesgo institucional, el hecho de que esté ‘científicamente comprobado’ le otorga un halo de validez. Sin revisar las fuentes, la línea editorial o siquiera terminar de leer el artículo, millones de personas se quedan con una idea errónea de lo que podría sugerir un experimento o una propuesta teórica.
Lo verdaderamente preocupante es que somos muy susceptibles a sólo creer lo que dicen los medios de comunicación o las instituciones en las que confiamos. Éstas pueden ser las consecuencias.
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¿Qué es el ‘efecto Einstein’ y por qué caemos tan fácilmente en él?

Un estudio publicado recientemente en Nature, la revista de divulgación científica por excelencia, denuncia los riesgos de simplemente ‘creer en la ciencia‘. Aunque parezca un contrasentido, éste es un fenómeno extendido incluso entre las personas que se dedican a la investigación comprobable.
Para mostrar cómo funciona, un equipo de neurocientíficos europeos recolectaron una muestra de más de 10 mil voluntarios en 24 países diferentes. Se les presentó aleatoriamente una serie de aseveraciones extrañas, que venían de autoridades científicas. Después del experimento, los autores se dieron cuenta de que las personas ‘creían’ en lo que ‘los científicos’ les decían, sin cuestionarlo:
“Las personas tienden a evaluar más favorablemente la información de fuentes confiables, pero no está claro exactamente cómo las visiones del mundo de los perceptores interactúan con este efecto de credibilidad de la fuente,” escribe la neurocientífica líder del estudio, Suzanne Hoogeveen, en el artículo.
A este fenómeno lo llamaron ‘efecto Einstein‘ —y sí, está comprobado científicamente. Antes de creer ciegamente en los datos presentados, aunque venga de una fuente confiable, es fundamental corroborar lo que viene detrás de ellos. Para ello, siempre es importante revisar cuál fue el método que se siguió en la investigación, cómo se seleccionó la muestra de personas que participarían en él, y más que nada, cuál fue la institución que condujo el estudio.
Repetir la información que presentan los medios de comunicación —o incluso los comunicados de instituciones serias— sin antes ver de dónde viene y cómo se presenta puede limitar nuestro entendimiento de los hechos. No sólo eso: podríamos caer en la cobertura sensacionalista de cierta línea editorial, o en la falta de experiencia de un periodista despistado.
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La ciencia se equivoca

Antes que nada, habría que entender que la ciencia existe para generar más preguntas. La herencia rancia del positivismo europeo nos implantó la idea de que el conocimiento ‘duro’ o ‘científico’ siempre exacto, pulcro y metódico. En esta rigidez, hemos pensado que ‘los avances científicos’ o el ‘progreso’ son incuestionables, porque son ciertos a priori.
En realidad, éste nunca ha sido el caso. Por el contrario, ésta es una manera muy dogmática de entender el conocimiento. Por más rigurosos que seamos, los seres humanos —y nuestros métodos ‘exactos’— somos falibles. La ciencia, al ser una creación nuestra, también lo es.
Por ello, el efecto Einstein es tan peligroso. En lugar de servir para legitimar la información y los descubrimientos de la ciencia, se convierte en un alimento absurdo para los fanatismos religiosos, disfrazados de discursos racionales y de ‘Verdad’. Visto así, hay políticos que se han valido de esta ‘credibilidad’ para perpetuar mentiras o ideas peligrosas en la población que les interesan.
Más allá del debate sobre el conocimiento, caer en el efecto Einstein puede inhibir nuestra capacidad de respuesta. Lo que es más: privarnos de derechos democráticos que, en principio, son inalienables a las personas. En últimas, no se trata de cancelar toda la información disponible, sino de mirarla con una sana distancia crítica. A fin de cuentas, si la ciencia se puede equivocar, nosotros también.
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