Los astros no se comportan de acuerdo con las necesidades culturales de los seres humanos. Por ello, puede que tu signo zodiacal esté mal.
Antiguamente, el estudio de la posición de los astros en la bóveda celeste no se había separado de la posible influencia que estos tuvieran en el destino de las personas. Por el contrario, la astrología se consideraba como una rama seria del conocimiento. El peso social que tuvo el signo zodiacal en Mesopotamia —y eventualmente en Grecia— se distribuía entre las actividades del quehacer cotidiano de las personas y las decisiones políticas que se tomaban en estos territorios.
El siglo XVIII marcó un cisma entre ambas formas de investigación. Desde entonces, bajo la lógica de la razón instrumental, la astrología y la astronomía tomaron caminos diferentes en la ciencia occidental. Aunque esto es cierto, en los últimos años se ha visto un resurgimiento del seguimiento de los astros para pronosticar el destino de la gente, catalogar su personalidad, e incluso, encontrar respuestas a sus tribulaciones internas.
Aunque la tendencia se hace cada vez más robusta, podría ser que la constelación que brillaba en el cielo no corresponda con el signo zodiacal asignado para su mes de nacimiento. Así funciona.
Construcciones estelares

Cabras, leones, cangrejos: el zodiaco está representado por una serie de animales que hacen alusión a ciertos valores o características de la personalidad de las personas. Antiguamente, se creía que las personas que nacieran bajo el fulgor de cierta constelación adquirían las características del signo zodiacal correspondiente. Esto, además, definiría para siempre el curso de su vida, sus actividades profesionales e incluso sus limitaciones y deseos más íntimos.
Los mesopotámicos dividieron el cielo nocturno en 12 secciones, correspondientes a cada mes del año. Además de ayudarles a entender cómo se movían los astros en el cielo, le atribuyeron cualidades supra-humanas a los traslados de los cuerpos celestes. Así lo explica el astrónomo estadounidense James Kaler, en su artículo para JStor:
“En el transcurso de un año, el Sol parece atravesar un cinturón de cielo que contiene 12 constelaciones o agrupaciones de estrellas antiguas. Se denominan colectivamente zodíaco y consisten casi en su totalidad en figuras de animales,” explica el experto.
De hecho, el término zodiaco se traduce del griego como “el camino de los animales”, haciendo alusión al traslado de los cuerpos celestes en el cielo nocturno, así como al cambio de posición de las constelaciones a lo largo del año.
Si bien es cierto que, tanto en Mesopotamia como Grecia, se consultaban astrólogos para tomar las mejores decisiones según el signo zodiacal de las personas, los rituales y espacios sociales para hacerlo han cambiado. El cielo, entre tanto, también se modificó.
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Un cielo diferente

“El número de constelaciones en el zodiaco occidental proviene de los ciclos de la Luna“, explica Kaler para The Conversation. Para la astrología, cada signo zodiacal encaja a la perfección en un fragmento de cielo, separado cada 30 grados. Si se multiplica esa cifra por 12, resulta en los 360 grados que comprende la bóveda celeste. Cada signo, por tanto, se asigna según el mes en el que la persona nació.
Sin embargo, los movimientos estelares no se comportan de acuerdo con las necesidades científicas de los seres humanos. En realidad, explica el astrónomo de la Universidad de Illinois, “las constelaciones varían mucho en forma y tamaño“. Por esta razón, las constelaciones no se alinean al signo zodiacal de las personas en la Tierra.
Otro argumento es que el eje terrestre está desviado. Esto provoca que los cálculos zodiacales estén, asimismo, chuecos, y que varíen de acuerdo a la región en el planeta en el que cada quién viva. Por esta razón, la astrología “es para la ciencia lo que el juego ‘Monopoly’ es para el mercado inmobiliario”, concluye Kaler.
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