La crisis de fertilidad en Estados Unidos podría provocarse por la falta de fuerza que tienen los espermatozoides para nadar hasta el óvulo.
En Estados Unidos, 1 de cada 8 parejas que quieren tener hijos están teniendo dificultades para concebir. Aunque originalmente se atribuyó el problema a las mujeres, parece ser que el origen está en una pérdida en la fortaleza de los espermatozoides. Un estudio reciente alertó sobre esta tendencia que, desde hace 16 años, se está haciendo cada vez más presente en el país. En el futuro cercano, aseguran los médicos, podría causar una crisis de fertilidad nunca antes vista. Ésta es la razón.
Contacto constante con microplásticos

Durante más de una década y media, la clínica de fertilidad Reproductive Medicine Associates of New York analizó el semen de una “muestra diversa de hombres“, como la describen para New Scientist. El rango de edad varió entre los 19 y 38 años de edad, para que la acotación pudiera considerar a un grueso de hombres jóvenes, con una vida sexual activa.
De manera general, existen dos maneras para determinar la infertilidad en varones, según explica el urólogo Ryan P. Smith, de la Universidad de Virginia:
- Analizar el semen para determinar el conteo total de espermatozoides que produce un hombre por eyaculación.
- Contar cuántos de estos espermatozoides pueden nadar y moverse libremente por el semen.
Parece ser que, en los últimos 16 años, los espermatozoides han perdido esta potencia en varios millones de hombres en Estados Unidos. Lo que más preocupa a los médicos y especialistas en reproducción es que, a falta de fecundación, una crisis de fertilidad se avecine en los próximos años.
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¿A qué se debe este debilitamiento?

Así como Smith, varios otros especialistas en reproducción y fertilidad están seguros de que el contacto constante con ciertas toxinas está haciendo que los hombres se vuelvan estériles. “La ciencia es consistente: los hombres de hoy producen menos espermatozoides que en el pasado y los espermatozoides son menos saludables”, enfatiza el experto en su artículo para The Conversation.
Las estructuras hormonales se alteran en los mamíferos cuando tienen que convivir con ciertas sustancias nocivas, disponibles en altas cantidades en el medio ambiente. Según Smith, en este caso tiene que ver con disruptores endócrinos, relacionados con pesticidas y herbicidas que consumimos, sin querer, en los alimentos que preparamos en casa.
De la misma manera, la mala calidad en el aire de las ciudades densamente pobladas inhibe la producción saludable de espermatozoides. Asimismo, la exposición a la radiación de los teléfonos celulares y computadoras personales podría ser otro factor determinante en la funcionalidad de las células reproductivas masculinas.
Por ello, concluye Smith, el estilo de vida contemporáneo podría producir una crisis de fertilidad nunca antes registrada en la historia de la humanidad. Las consecuencias de este descenso dramático todavía no son claras —pero seguramente no son buenas noticias.
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