A pesar de los esfuerzos globales para frenar la emisión de gases que potencian el cambio climático, la Reina de Inglaterra prefiere mantener la calefacción en sus propiedades.
Desde hace tiempo, un grupo de ministros escoceses tenían entre manos un proyecto de ley a favor de disminuir las emisiones de carbono de su territorio. Sin embargo, abogados directos de la Reina Isabel II presionaron políticamente para que la agenda se pospusiera, de manera que la tierra privada no estuviera protegida por la iniciativa. Aunque todo se llevó a cabo en secreto, según la cobertura de The Guardian, una serie de documentos filtrados dan fe sobre estas acciones anticlimáticas ejercidas desde la Corona Británica.
Privilegios reales

La Reina Isabel II es la mayor terrateniente de Escocia. Con la presión de sus abogados particulares, está exenta de reducir sus emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. Esto implica que no está obligada a facilitar la construcción de infraestructura para calentar los edificios con energía más limpia.
Mientras la monarca invita a sus súbditos a pasar el día en los jardines de Buckingham Palace, no tiene motivación alguna para reducir su propia huella de carbono. Su arsenal jurídico obtuvo la dispensa del gobierno escocés hace cinco meses, tras aplicar el procedimiento parlamentario de ‘consentimiento de la reina’. Esto le da permiso a la mandataria de revisar de manera anticipada la legislación.
Este mecanismo antiquísimo data del siglo XVIII, y ha sido descrito como un mecanismo ‘oscuro‘ para evitarle problemas a la realeza en el pasado. De esta manera, ha podido esquivar de la responsabilidad ecológica de sus propiedades y proteger sus intereses particulares. La intervención real empezó en febrero. A finales de este verano, parece haber conseguido un punto final.
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Enmiendas forzadas

A pesar de que la familia real despliega un discurso de compromiso con la crisis climática, este tipo de acciones desgarran este velo de corrección política. En aras de mantener sus hogares imperiales cálidos, por medio de sistemas de tuberías contaminantes, la Reina Isabel II prefirió bloquear estas nuevas restricciones sobre las calderas que utilizan combustibles fósiles en sus propiedades.
El proyecto de ley escocés promovía la construcción de nuevos sistemas para calefacción que no emitieran gases de efecto invernadero. A pesar de ello, la monarca decidió deslindarse de la responsabilidad. Hacia finales de febrero de este año, según la enmienda oficial, “el ministro aceptó la enmienda propuesta que abordaría las preocupaciones de los abogados de la reina“.
Los cambios, por supuesto, siguieron las exigencias de la mandataria para no interrumpir el ambiente de calidez artificial del que gozan sus múltiples propiedades en Escocia. La enmienda tuvo opositores en el Parlamento. Sin embargo, poco se pudo hacer al respecto: el trato preferencial a los miembros de la realiza, encabezados por la Reina Isabel II, sigue siendo una realidad en el Reino Unido.
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