Una serie de estudios “malinterpretados” sustentaron científicamente la suposición machista de que el cerebro femenino era menos capaz que el masculino.
En el estudio científico relativo a las disciplinas “exactas” existe un sesgo grave. Muchas veces, se pasa por alto que las observaciones que los científicos hacen tienen una carga ideológica inherente a su contexto histórico, político y social. El mito sobre la disfunción del cerebro femenino es quizás el más ridículo —y evidente— de los ejemplos en este respecto.
Una distorsión sin fundamento científico

No es ninguna sorpresa que las mujeres han tenido una desventaja para desempeñarse en el ámbito laboral por el lugar social que se les asigna al nacer. El campo científico no está exento de esta disparidad de género. Incluso en los estudios que históricamente se han hecho con respecto a la anatomía femenina se manifiesta esta distorsión machista.
Históricamente, un discurso que desprestigió a las mujeres por siglos imperó en la comunidad científica mundial. Decantado de la ideología heteropatriarcal, suponía sencillamente que las mujeres no eran aptas para hacer ciencia. No sólo eso: existía evidencia pseudocientífica de que el cerebro femenino era menos apto para desarrollar conocimiento con valor empírico real.
En los últimos años, sin embargo, esta concepción falsa se ha develado como lo que es: un mito. El problema radica en los estereotipos que toman fuerza a raíz de estas supuestas investigaciones objetivas, que más bien reflejan una realidad social que posiciona a las mujeres fuera del campo de la Razón, negándoles su capacidad política y anulando su capacidad de réplica.
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Estudios “malinterpretados”

Ningún científico serio que se precie de serlo aseguraría que las mujeres son menos capaces de razonar, generar conocimiento o hacer ciencia. Por esta razón, el llamado “neurosexismo” ha develado la verdad incómoda detrás de estos errores que la comunidad científica cometió en el pasado.
A partir de una variedad de estudios “malinterpretados”, el neurosexismo ha dado lugar a la creencia de que los cerebros de las mujeres están mucho menos desarrollados. No sólo eso: suponía que son menos eficaces en el trabajo lógico o tienen menos materia gris, lo que supuestamente les hace ideales la multitarea y los roles de género clásicos.
A pesar de que estas formulaciones se crearon en el ámbito científico, este tipo de aseveraciones revelan prejuicios estructurales de género. Esta supuesta inferioridad femenina proveniente de su condición biológica es completamente falsa, y proviene de un ideal de femineidad poco sensible a la verdadera capacidad cognitiva de las mujeres.
¿Diferencias innatas?

Si bien es cierto que las capacidades físicas entre hombres y mujeres varían, es una realidad que son siempre relativas a la persona en cuestión. Sin embargo, este hecho biológico ha dado pie a reforzar estereotipos con sustentos más bien endebles.
Aunque hoy en día se acepta que no hay diferencias de rendimiento entre hombres y mujeres en lo relativo al quehacer científico, en los últimos años el mito de la “capacidad cognitiva” se sigue manifestando en distintos ámbitos del conocimiento. El trabajo para traerlos abajo continúa.
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