Un nuevo estudio demuestra que las partículas de Covid-19 expulsadas al hablar por 30 segundos pueden mantenerse hasta media hora flotando en el aire.
Uno de los temas más polémicos durante la primera ola de la pandemia de Covid-19 radicó en sus vías de transmisión:
Mientras la OMS aseguraba que el nuevo coronavirus únicamente se contagiaba a través de las gotículas que una persona enferma expulsa al hablar, toser y estornudar, la evidencia científica sobre la posibilidad de que el virus se transmite por partículas más pequeñas con la capacidad de mantenerse flotando en el aire (llamadas aerosoles) era cada vez mayor.
Actualmente, la OMS y las instituciones que se encargan de contener la pandemia aceptan que la transmisión aérea por aerosoles es una realidad, especialmente cuando se trata de sitios cerrados, mal ventilados y abarrotados donde se pasa mucho tiempo, como oficinas, gimnasios o iglesias.

Sin embargo, un nuevo estudio reveló que, contrario a la opinión popular, es más fácil contagiarse de Covid-19 si una persona enferma habla en un espacio cerrado a que tosa en el mismo sitio.
La investigación publicada en el Proceedings of the Royal Society A, analizó la evolución de la masa líquida y la carga viral de SARS-CoV-2 contenida en gotículas respiratorias liberadas al toser y hablar, comparando sus características a través de un modelo matemático que detallaba el comportamiento del fluido.
La clave está en el tamaño de las partículas respiratorias con material del virus: los científicos comprobaron que las gotículas expulsadas al toser son más pesadas y por lo tanto, únicamente se mantienen flotando entre 1 y 7 minutos. En cambio, hablar provoca la emisión de aerosoles, gotículas más pequeñas y ligeras que se pueden mantener flotando durante media hora tras 30 segundos de conversación.
Las estimaciones se realizaron partiendo del supuesto de que un par de personas comparten una habitación sin cubrebocas; sin embargo, la ventilación juega un papel clave para evitar la concentración de gotículas y disminuir notablemente el riesgo de contagio en espacios cerrados.

Además, el uso de cubrebocas reduce el número de partículas expulsadas tras hablar, toser o estornudar y puede ralentizar la velocidad con la que se dispersan las gotículas más pequeñas.
El equipo a cargo del estudio elaboró una herramienta online para analizar detalladamente cuál es la probabilidad de contagio al compartir una habitación cerrada con otras personas, disponible en el sitio Airborne.cam.
La app funciona como un simulador que arroja una gráfica con el porcentaje de riesgo de contagio a través del tiempo y varía según diversos factores, como el tamaño de la habitación, el número de personas dentro y la actividad que realizan al interior.
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