Fotografía: Ewan Bootman/NurPhoto via Getty Images
Donald Trump contrajo coronavirus en octubre de 2020. Después de una campaña pesada en contra de usar cubrebocas, de instar a la población a inyectarse productos desinfectantes y de desestimar la efectividad de las vacunas disponibles, el expresidente de Estados Unidos recibió la mejor atención médica en el país. Estaba positivo por COVID-19.
A una persona promedio, según la cobertura de The New York Times, un tratamiento así le hubiera costado poco más de 100 mil dólares. Sin embargo, al ser el mandatario constitucional de Estados Unidos, salió de la enfermedad en poco menos de una semana, presentándose a la Oficina Oval con claras dificultades para respirar el 8 de octubre.
“Contraer COVID-19 fue una bendición de Dios”, expresó el republicano ese jueves. A pesar de la evidencia científica dispersa masivamente por los medios oficiales, y de la prueba contundente de que el mandatario estadounidense salió positivo a COVID-19, pueblos enteros se siguen pronunciando en contra de las medidas sanitarias básicas. Tal es el caso de Okoboji: un pueblo al noroeste Iowa que se resiste a usar cubrebocas, debido a su afiliación política a Donald Trump.
En Okoboji, las personas tienen la convicción de que la pandemia es un engaño de los científicos liberales. Más aún: tienen la certeza de que el COVID-19 no es una amenaza, según la cobertura de Scientific American, y tienen el apoyo del gobierno local para no usar cubrebocas. El presidente municipal, en concordancia con todo el condado de Dickinson, Iowa, promueve ‘la libertad de sus ciudadanos‘, y les insta a dejar que sus sonrisas reluzcan en el sol.
Bajo la premisa de “In Trump we trust” (o confiamos en Trump), la población de Okoboji se rehúsa públicamente a vacunarse. Es más: las pocas personas son canceladas por llevar un cubrebocas o guardar la sana distancia en los eventos sociales. “El rechazo de la mascarilla es un acto muy público”, denuncia Josh Fischman, editor en jefe de la publicación. “En el condado de Dickinson y Okoboji, le da a las personas legitimidad entre su comunidad“.
En total, se tiene registro de 17 mil habitantes en el pueblo. Más del 98 % de ellos, según el censo de 2010, son blancos. El mínimo porcentaje restante corresponde a habitantes negros e hispanos, en ese orden. Además de privilegiar la vida, pronunciarse en contra del aborto y a favor de la libertad personal de los ciudadanos ‘americanos’, este grupo de estadounidenses no le teme a una infección de coronavirus. Por el contrario, tienen la certeza de que el virus es un engaño de la administración de Joe Biden.
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A pesar de ser un pueblo chico en Iowa, la población de Okoboji se eleva hasta 100 mil personas cada verano. Al estar cerca de los grandes lagos del estado, personas de ciudades aledañas más grandes se quedan ahí para pasar los meses más cálidos del año. Para ello, el gobierno municipal construyó hoteles especiales y un parque de diversiones con una rueda de la fortuna.
Pareciera que ésta está girando en favor de los habitantes. A pesar de presentarse a manifestaciones públicas en contra de las vacunas y del cubrebocas, no se tiene registro de muertes masivas en Okoboji hasta el momento. Como cada año, la ciudad recibió a miles de turistas para la temporada estival, sin restricciones sanitarias. Lo que es más: cuando las autoridades estatales quisieron imponer recortes en la ocupación de los negocios locales, la población se resistió.
Argumentaron que la economía de Okoboji dependía de los visitantes veraniegos, y que no sacrificarían los negocios de sus familias por un engaño del Estado. En lugar de esto, promovieron que los niños jugaran al aire libre sin cubrebocas, para que pudieran respirar en libertad. “No queremos que el gobierno nos diga qué hacer”, le dijo una persona local a Emily Mendenhall, antropóloga médica de la Universidad de Georgetown. Y Okoboji no cerró sus puertas al turismo nacional.
Con la resistencia de las autoridades locales por observar las medidas sanitarias elementales, los pobladores de Okoboji se sintieron fuertes en su decisión de no usar cubrebocas. De acuerdo con Mendenhall, esta certeza se decanta de una ficción local, basada en los valores puritanos del sur de Estados Unidos. Aunque no tienen pruebas, tampoco tienen dudas sobre su acercamiento a la pandemia:
“Eres lo suficientemente fuerte como para hacerlo por tu cuenta y te levantas por tus propios medios. Es una ficción”, escribe la autora en Unmasked, su más reciente publicación. “Sin embargo, es una ficción muy poderosa en la que la gente realmente cree”.
Para los pobladores de Okoboji, así como para diversas personas en Dickinson County y una mayoría aplastante en el sur del país, rechazar el cubrebocas es un acto político. Así como la fe ciega en el partido republicano —y sus representantes—, gran parte del Deep South se alinea a estas falsedades con la fuerza del discurso colectivo.
A la par, Joe Biden ha calificado estas actitudes como ‘un grave error’. Según la cobertura de la BBC, el actual presidente de Estados Unidos lo describió como “pensamiento Neanderthal“.
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