A orillas del río Tíber (Italia) se halla este mausoleo que Adriano, emperador del Imperio romano, ordenó edificar para sí mismo y su familia en el año 135.
Construido de piedra, a partir del 401 fue transformado en fortaleza. Su actual nombre data del 590, cuando –según la leyenda– en lo alto del castillo apareció el arcángel Miguel anunciando el final de una devastadora epidemia de peste. Hoy es un museo.
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