SSP/COR/CLJ/ SSP / NOTIMEX / Notimex via AFP
Ella se autodescribió como una mujer ordinaria; una ama de casa que ganaba poco dinero a través de la venta de ropa y bienes raíces. Las autoridades la nombraron una de las traficantes de cocaína más importantes del continente. Sin embargo, todos la llaman por la descripción que le dio un corrido de Los Tucanes de Tijuana: Sandra Ávila Beltrán era, en efecto, “una dama muy pesada”. Era “la reina del Pacífico“.
A pesar de su fama, la jefa criminal terminó en la cárcel. Su captura fue señalada por el gobierno del presidente Felipe Calderón como un “duro golpe al narco” y el video en donde confesaba sus delitos fue repetido por todos los noticieros del país con fascinación. Ávila Beltrán seducía a la cámara mientras aceptaba haber sido detenida por sus actividades ilícitas. Si algo quedó claro es que el dinero no era su único interés, pues “la reina” también amaba la atención. Amaba las cámaras.
Quince años después de su aprehensión en la Ciudad de México, y gozando de su libertad, la narcotraficante ha vuelto a ponerse frente a las cámaras. En esta ocasión, la del celular desde donde comparte contenido para su cuenta en TikTok, aplicación donde se ha convertido en una “estrella” de la noche a la mañana. Pero, ¿cómo es que pasó esto? ¿Cómo una criminal y expresidiaria buscada por autoridades en ambos lados de la frontera se vuelve un icono de internet? Esta es la historia de la mujer que ha enganchado –de una u otra forma– a millones.
Nacida en Mexicali, Sandra Ávila Beltrán era una figura recurrente en los círculos más importantes del narcotráfico en México. Su tío, el capo Miguel Ángel Félix Gallardo, no dudó en aprovechar su belleza y vanidad para convertirla en un atractivo más en sus fiestas, frecuentadas por personajes como Rafael Caro Quintero, los hermanos Beltrán Leyva y Joaquín “El Chapo” Guzmán.
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Con el tiempo, la amistad que había forjado con los futuros líderes de los cárteles mexicanos se convirtió en una sociedad sumamente lucrativa. Esto no fue gracias a su físico, sino a su amplia inteligencia para los negocios. Con esta estableció rutas para el tráfico de cocaína entre Colombia y México, también organizó un aparato que protegía a los narcos de la policía. Quién la traicionara pagaría caro hacerlo, incluso si esa persona fuera su propio esposo.
Su habilidad para el crimen la llevó a formar parte de las listas de interés de las autoridades en México y la DEA en Estados Unidos. Además, por supuesto, de iniciar una leyenda sobre su vida, digna de corridos e historias superficiales. Aunque se le buscaba en ambos países, “la reina del Pacífico” –como se le conocía debido a que su atractivo en la juventud era similar al de las reinas de belleza– esquivó toda posibilidad de detención.
La suerte de la jefa criminal terminó en septiembre de 2007, cuando fue detenida tras salir de cenar en un restaurante de la Ciudad de México. La acompañaba su entonces pareja, Juan Diego Espinosa, alias “El Tigre”.
A Ávila Beltrán se le imputaron diversos cargos, incluyendo conspiración para importar y distribuir cocaína; lavado de dinero y participación en esquemas propios del crimen organizado. Fue condenada a purgar una extensa pena en una cárcel de Nayarit, justo en la costa del Pacífico.
Durante más de cinco años, el equipo legal de “la reina del Pacífico” luchó por liberar a su ahora famosa clienta. En 2012, lograron que se le absolviera de sus delitos en México y fuera extraditada a Estados Unidos. Ahí negociaron con las autoridades y cooperaron para fortalecer una defensa que degradó sus crímenes a solo haber asesorado a “El Tigre”. El último de sus amparos fue promovido y aceptado en 2015; en febrero de ese año, la “jefa de jefas” recuperó su libertad.
El anonimato no es algo que guste a Sandra Ávila Beltrán. Incluso en los años en los que se escondía de las autoridades en diversos estados de la República, no dejaba de aparecer en fiestas y eventos importantes. Tampoco fue ajena a hablar con los medios, evadiendo toda discreción. La atención de la gente se había convertido en su droga.
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Por ello, era cuestión de tiempo para que “la reina del Pacífico” volviera al reflector. Esa cita con la fama se dio en julio de 2022, después de que la expresidiaria abriera una cuenta de Tik Tok donde exhibía cómo es su vida en libertad. Lujos, rutinas de belleza, ropa de marca. Era la vida que uno esperaría de una influencer con decenas de patrocinadores, no de una mujer que se dedicaba a traficar toneladas de droga entre países.
Desde su reaparición, Ávila Beltrán ha hecho todo lo posible por retomar la atención del público. Lo ha logrado con declaraciones explosivas en las que acusa a las autoridades de haberle “fabricado un delito” e incluso señala que el expresidente Calderón ostentaba vínculos con el narcotráfico. Ya sin la seducción de la que presumió al momento de su detención, “la reina” ha regresado para recuperar su corona. Cueste lo que cueste.
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