Foto: Mads Nissen
El primer contacto que Rosa tuvo con el exterior fue un abrazo. Durante 5 meses permaneció aislada, como muchos de sus compañeros en la casa de retiro para ancianos en São Paulo, Brasil. Viva Bem, la residencia para adultos mayores en donde había hecho un hogar durante sus últimos años de vida, había cerrado sus puertas por completo, para evitar la transmisión de COVID-19.
Rosa Luzia Lunardi, de 85 años de edad, refleja esta condición desde sus aposentos en Viva Bem. En la imagen, la mujer recibe un abrazo de la enfermera Adriana Silva da Costa Souza, quien se acerca a ella detrás de una malla protectora de plástico con un cubrebocas escondiéndole el rostro.
Durante el mes de marzo, los hogares para ancianos cerraron en todo Brasil para evitar la propagación del virus. De esta manera, según la lógica de prevención, los adultos mayores estarían menos expuestos a una infección de la que probablemente no podrían recuperarse.
No es la primera vez que Mads Nissen (@madsnissenphoto) captura un momento así. Su fotografía, según la semblanza en el sitio oficial del premio World Press Photo, está basada en la empatía. El foco con el que se acerca a la realidad desde su quehacer periodístico tiene que ver con la cercanía, la intimidad y la comprensión de las experiencia humanas.
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Después de casi medio año de aislamiento absoluto, los residentes de Viva Bem finalmente pudieron reencontrarse con sus visitantes habituales. Muchos de ellos eran sus propios enfermeros, y el personal de limpieza de las instalaciones. Poco se dice sobre sus familiares.
Gracias a “The Hug Curtain“, una innovación de la casa-hogar brasileña, el contacto humano —aunque de una manera parcial— se pudo restablecer en Viva Bem. A pesar de que Jair Bolsonaro, el presidente brasileño, desestimó las medidas sanitarias de seguridad en un primer momento, las instituciones públicas tomaron control sobre la situación.
Con 300 mil muertos en el país, el sistema de salud en Brasil colapsó por completo. El país terminó 2020 con las peores cifras de contagio y mortalidad en el mundo, con poco menos de 7 millones 700 mil casos registrados en todo el territorio. El anonimato conferido por el cubrebocas de Adriana Silva da Costa Souza habla por los miles de millones de frontliners que trabajaron por mantener al mundo a flote. Mads Nissen los inmortalizó.
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