Autor: ElDiarioDeAdolf / Wikimedia Commons
Nacido en una familia sajona muy pobre en 1938, para poder subsistir Konrad Kujau pasó largas temporadas de su infancia en orfanatos. En la adolescencia tuvo pequeños empleos sin importancia y a veces fue despedido por hurtos menores.
Tras dejar la República Democrática Alemana (RDA), fue a vivir con un tío de Alemania Federal. Se unió a una mujer, ambos abrieron un restaurante y, dando muestras de su talento futuro, Kujau falsificó varios documentos relacionados con el negocio.
A inicios de los años setenta comenzó a importar recuerdos de la época nazi procedentes de la RDA y descubrió el gran mercado que había para ellos. Fue la inspiración para su empresa más ambiciosa: la creación de unos supuestos diarios de Adolfo Hitler.
La elaboración del contenido y la recreación de la plataforma material fueron tan hábiles que cuando el periodista Gerd Heidemann (su presunto descubridor) los sometió al análisis de Hugh Trevor-Roper, el gran especialista en Hitler, éste validó su autenticidad.
Los ‘diarios de Hitler’ (en alemán Hitler-Tagebücher) son uno de los engaños periodísticos más audaces que se hayan intentado; los 62 volúmenes, que pretendían ser una crónica de los años de poder de Hitler entre 1933 y 1945.
Stern anunció la adquisición en abril de 1983 bajo el título “Scoop of the Century”. Los derechos de publicación se vendieron a los periódicos del Times después de que el historiador Lord Dacre de Glanton (el profesor Hugh Trevor-Roper) los autorizara como un archivo de “gran importancia histórica”.
Pero la primicia despertó tanta controversia como el asombro. Los Archivos Federales de Alemania Occidental anunciaron que las pruebas habían demostrado que el papel y la tinta utilizados eran de fabricación de posguerra y que los diarios eran “falsos”.
“Originalmente copié la vida de Hitler de los libros”, confesó Kujau después, “pero luego comencé a sentir que era Hitler. Mientras escribía sobre Stalingrado, mi mano comenzó a temblar”.
En 1985, tanto Heidemann como Kujau fueron declarados culpables de fraude y recibieron cuatro años y medio de cárcel.
Después de que se descubrió el engaño, Heidemann afirmó que había sido víctima de una estafa, aunque más tarde se supo que se había quedado con gran parte de las ganancias.
Gracias a la celebridad del caso, pronto salió a relucir otro talento de Konrad Kujau, su gran facilidad para falsificar obras de arte de los grandes maestros. Kujau realizó cuadros de August Macke, Vincent van Gogh, Paul Gauguin, Pierre Renoir, Paul Cezanne y Salvador Dalí, entre otros. Sus creaciones pueden verse en la página http://kujau-archiv.de/
El ‘rey de los falsificadores’ murió en el 2000 a los 62 años, víctima de un agresivo cáncer de laringe.
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