Guillermo de Ockham de un vitral de un templo en Surrey
Para entender la importancia de Guillermo de Ockham, debemos primero analizar la era en que vivió: la Baja Edad Media, periodo en el cual surgieron, gracias a gente como él, ideas que conformaron la Edad moderna. Por Francisco Coca
De Ockham representa un puente entre dos maneras de ver el mundo: la escolástica, principal corriente filosófica de la Edad Media que pone a la fe por encima de la razón, y otra opuesta, más basada en la lógica, que cuestionó las ideas establecidas y puso en jaque a los de la Iglesia.
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Poco se conoce de la niñez de este sabio, salvo que nació alrededor de 1280 y 1295 en Ockham, en el condado de Surrey, Inglaterra. De niño ingresó a un convento franciscano donde recibió la instrucción necesaria para convertirse en religioso.
Por esos años, en la Iglesia se debatía la validez de la forma de vida planteada por el religioso san Francisco de Asís, la cual renunciaba a los bienes materiales más allá de los estrictamente necesarios para vivir. Muchos jerarcas se rehusaban a llevar una vida alejada de los lujos que les daba el poder político que ostentaban, mientras que los franciscanos promovían un estilo austero. Estas ideas tuvieron un impacto tan fuerte en el joven sacerdote que las defendió con pasión por el resto de sus días.
Cursó sus estudios de Teología en la inglesa Universidad de Oxford donde estudió las Sentencias, de Pedro Lombardo, un sabio del siglo XII cuyo escrito fue el libro de texto principal sobre el tema durante cuatro siglos, al grado de ser considerada la lectura más importante sólo por debajo de la Biblia. El joven Guillermo escribió un libro con sus comentarios a las Sentencias donde cuestionaba varios conceptos clave, lo que enojó a sus superiores, quienes le negaron el título de maestro. Tras dos años en Oxford, Guillermo abandonó la universidad sin graduarse, de ahí uno de sus apodos: Venerabilis Inceptor, o Venerable principiante.
Ockham continuó sus estudios en otros conventos hasta llegar al de la región francesa de Aviñón, donde vivía el papa Juan XXII. Los cuestionamientos de Ockham habían llegado a oídos del máximo pontífice a través del rector de la Universidad, John Lutterell, quien acusaba a Ockham de herejía y había redactado una lista de 56 de sus ideas para que el papa las analizara.
Ockham, preocupado, realizó algunas correcciones a sus escritos y los entregó al papa. Tres años después se presentó el veredicto donde se acusaba a Ockham de haber escrito siete artículos heréticos, 37 con proposiciones falsas y otros ambiguos. Sólo tres se aceptaron sin censura. Sin embargo, Ockham no fue castigado ante la furia de Lutterell.
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Guillermo de Ockham no era fácil de domesticar, y tras librar el juicio se alió con Miguel de Cesena, un ministro general de la orden franciscana, y Buenagracia de Bérgamo, un doctor en Derecho Civil y Religioso, quienes habían sido llevados a Aviñón por cuestionar al papa sobre el tema de la pobreza franciscana.
Guillermo sabía que su futuro no era halagüeño: Lutterell no se daría por vencido con facilidad y sus críticas a la vida opulenta del papa Juan XXII pronto tendrían consecuencias, por lo que no dudó cuando Miguel Cesena le propuso huir. El 26 de mayo de 1328, Guillermo, Cesena, Buenagracia y Francisco de Áscoli escaparon a la ciudad de Pisa, donde se encontraron con Luis IV, rey de Baviera, quien los llevó a Múnich.
“Defiéndeme con la espada, que yo te defenderé con las palabras”, cuentan que Ockham le dijo a Luis IV. En Múnich, Guillermo continuó sus estudios sobre teología y filosofía. También escribió una serie de escritos políticos donde acusó de hereje al papa Juan XXII; incluso llegó a pedir que fuera depuesto de su cargo.
Ockham alegaba que, aunque el hombre tenía derecho natural a la propiedad privada, pues le era permitido poseer lo que Dios había creado, también podía renunciar, como lo hizo Cristo. Por ello los franciscanos no poseían nada. Usaban lo necesario con permiso de los dueños de esos bienes. Esta postura era irreconciliable con el Vaticano y Ockham fue excomulgado.
La muerte de Juan XXII en 1334 no alteró la postura de Ockham y centró sus cuestionamientos en el nuevo papa, Benedicto XII. Se dio una tregua en 1342 con la llegada de Clemente VI, quien invitó a Ockham para discutir su postura. Los años en Múnich fueron los más prolíficos. La obra de Ockham es muy extensa e incluye tratados filosóficos y teológicos, además de sus mencionadas obras políticas.
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Aunque mucha de su obra se perdió y en otros casos se le adjudicaron erróneamente textos que no fueron de su autoría, fue hasta mediados del siglo XX que sus ideas comenzaron a publicarse de forma ordenada: la Universidad de Manchester (Reino Unido) editó completas sus obras políticas en varios tomos; mientras que el Instituto Franciscano y la Universidad de San Buenaventura editaron toda su obra filosófica y teológica, agrupada en seis y nueve volúmenes, respectivamente, bajo el título Opera Philosophica et Theologica al fidem codicum manuscriptorum.
Guillermo de Ockham es considerado uno de los iniciadores del pensamiento moderno y el padre de la corriente filosófica conocida como nominalismo; sus ideas tuvieron una fuerte influencia en reconocidos filósofos como José Ortega y Gasset, Thomas Hobbes y John Locke.
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