Su nombre es uno de los más importantes cuando hablamos sobre ciencia ficción y divulgación científica. Isaac Asimov es bien conocido por libros como la saga de la Fundación, Yo, robot, El hombre bicentenario o El fin de la eternidad, solo por mencionar algunas de las más conocidas. Como hombre de ciencia y cultura, y creador de las Leyes de la Robótica, el autor de origen ruso nos dejó un legado inabarcable de conocimiento, lo cual se puede constatar a través de este compendio de frases de Isaac Asimov, con lo cual le rendimos un merecido reconocimiento.
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La suerte favorece sólo a la mente preparada.
Todos los cientos de millones de personas que, en su época, creían que la Tierra era plana nunca tuvieron éxito en rodearla.
Sólo hay una guerra que puede permitirse el ser humano: la guerra contra su extinción.
Ser autodidacta es, estoy convencido, el único tipo de educación que existe.
Escribo por la misma razón que respiro… porque si no lo hiciera, moriría.
El hombre más irremediablemente estúpido es aquel que ignora su sabiduría.
En primer lugar acabemos con Sócrates, porque ya estoy harto de este invento de que no saber nada es un signo de sabiduría.
Hay muchos aspectos del universo que todavía no se puede explicar satisfactoriamente por la ciencia, pero la ignorancia sólo implica la ignorancia de que algún día puede ser conquistado. Rendirse a la ignorancia y llamarla “Dios” siempre ha sido prematuro, y sigue siendo prematuro hoy.
La Biblia, correctamente leída, es el argumento más potente para el ateísmo jamás concebido.
Sobre todo, nunca pienses que no eres lo suficientemente bueno. Nunca pienses eso. De lo contrario, las personas creerán que así es.
La vida es agradable. La muerte es pacífica. Es la transición lo que es problemático.
Me preguntan ¿No crees en los platillos voladores? ¿No crees en la telepatía?… En la vida después de la muerte. No, yo respondo. No, no, no, no, y nuevamente no.
Nada altera mi concentración. Podrías hacer una orgía en mi oficina y yo no miraría. Bueno, quizá al menos una vez.
Escribir, para mí, es simplemente pensar a través de mis dedos.
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Soy un ateo… me tomó mucho tiempo decirlo. He sido ateo durante años y años, pero de alguna manera sentí que era intelectualmente irresistible decir que uno era religioso, porque asumía el conocimiento que uno no tenía.
Una persona recientemente desesperada… estalló y dijo: ¿No crees nada? Sí, dije. Creo en la evidencia. Creo en la observación, la medición y el razonamiento, confirmado por observadores independientes.
Si mi doctor me dijera que apenas me quedan 6 minutos de vida, no me preocuparía. Escribiría un poco más rápido.
Tal vez la felicidad es esta: no sentir que deberías estar en otro lado, hacer otra cosa, ser alguien más.
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