Esta es la historia de los Puccio, la familia de secuestradores que conmocionó a la sociedad argentina de principios de los ochenta.
Todos en el tradicional barrio de San Isidro, en la zona norte de Buenos Aires, conocían a la familia Puccio. Durante años, Arquímedes Puccio, Epifania Calvo y sus cinco hijos llevaron una vida ejemplar –y aparentemente perfecta– en su comunidad. Eso cambió la noche del 23 de agosto de 1985, después de que las autoridades allanaron su casa y arrestaron a todos los integrantes de la familia. Seguían una investigación que señalaba que los Puccio habían iniciado un lucrativo negocio en casa, valiéndose de la imagen que habían construido en sociedad para beneficiarse. Eran secuestradores y sus víctimas eran sus conocidos.
Esta es la historia del clan Puccio y la serie de raptos y asesinatos que cometieron en su propiedad de Martín y Omar 544, sin que sus vecinos, amigos y otros familiares se dieran cuenta.
¿Quiénes integraban la familia Puccio?
La familia Puccio estaba integrada por Arquímedes Puccio, un agente en activo del servicio de inteligencia argentino; Epifanía Ángeles Calvo, profesora de contabilidad y matemática; y sus hijos Alejandro Rafael (nacido en 1958), Silvia Inés (nacida en 1960), Daniel Arquímedes (nacido en 1961), Guillermo Javier (nacido en 1963) y Adriana Claudia (nacida en 1970).
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Según las carpetas de investigación formadas por la policía argentina, Arquímedes buscó ganar de dinero para mantener su estilo de vida y el de su familia tras ser despedido de su trabajo a principios de 1980. La idea de secuestrar a empresarios y sus familiares surgió después de reencontrarse con Guillermo Fernández Laborda, uno de sus antiguos colaboradores laborales.

Con los conocimientos tácticos que había aprendido durante su servicio, Arquímedes solo necesitaba encontrar a los mejores perfiles: personas de fácil acceso que pudieran ser secuestradas y por las que pagarían un jugoso rescate. Así fue como se acercó a su hijo mayor, Alejandro, quien tenía contactos con las clases altas capitalinas gracias a su desempeño como jugador de rugby. Este accedió a sumarse al plan.
Historia de un clan criminal
El 22 de julio de 1982, Ricardo Manoukian –un chico de 23 años de edad que consideraba a Alejandro Puccio un amigo– fue secuestrado mientras manejaba su auto. Su familia, dueña de los supermercados Tanti, recibió una llamada esa misma tarde: si querían volver a ver al joven tendrían que pagar 500 mil dólares. Los Manoukian cumplieron con la demanda, más nunca pudieron recuperar a su familiar. El 30 de julio, el cuerpo de Ricardo fue encontrado cerca de un río; había sido ejecutado con tres disparos en la cabeza.
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Reportes indican que los secuestradores maniataron a su víctima y lo mantuvieron en la bañera del cuarto de Alejandro. En los días de cautiverio de Manoukian, el resto de los integrantes de la familia Puccio se enteraron del crimen. Decidieron callar. Continuar con sus vidas. Volverse cómplices de un esquema criminal.
Entre mayo de 1983 y agosto de 1985, el clan Puccio secuestró y asesinó al ingeniero industrial Eduardo Aulet (por quien pagaron $150 mil dólares de rescate); intentó levantar al empresario Emilio Naum (a quien asesinaron en el lugar al resistirse al secuestro) y raptaron a la empresaria Nélida Bollini de Prado. A esta última mantuvieron cautiva en la casa familiar durante más de un mes.
¿Qué pasó con la familia Puccio?
El 23 de agosto de 1985, Arquímedes y Daniel acudieron a una estación de servicio para cobrar el rescate de Bollini de Prado. Allí fueron detenidos por la policía. Su carrera criminal estaba cerca de terminar. Horas más tarde, las autoridades entraron a la casa de Martín y Omar 544, rescataron a la empresaria y arrestaron a Alejandro junto con su novia, Mónica.
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Al final, toda la familia –salvo Adriana, la hija menor– fue señalada por la justicia argentina como cómplices de secuestro y asesinato. Arquímedes, Epifanía, Alejandro, Silvia y Daniel fueron condenados. Por desgracia, solo dos de los integrantes del clan cumplieron una pena.

Epifanía fue liberada al poco tiempo por falta de pruebas que comprobaran que sabía sobre lo que pasaba en su casa. Silvia, por su parte, colaboró con las autoridades para mantener su inocencia, mientras que Daniel escapó para nunca volver a Argentina. A pesar de sus múltiples esfuerzos por evitar la prisión –incluyendo cinco intentos de suicidio–, Alejandro fue encarcelado hasta su muerte en 2008. El patriarca y cerebro de la operación, Arquímedes cumplió gran parte de su reclusión perpetua, pero pudo recuperar su libertad en 2008; murió en 2013 en completo abandono.
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