Esta es la historia de Ángel Maturino Reséndiz, el criminal conocido como ‘el asesino del ferrocarril’ que cobró víctimas en México y Estados Unidos.
27 de junio de 2006. Ángel Maturino Reséndiz aguardaba pacientemente en una habitación de la Penitenciaría Estatal de Huntsville en Texas. Tras casi siete años en prisión, el mexicano estaba a punto de encontrarse con su destino. Antes de recibir la inyección letal, el hombre cuyos crímenes en Estados Unidos le habían valido ser apodado el asesino del ferrocarril, pidió perdón, paciencia y dijo merecer su castigo.
Minutos después de las ocho de la noche, el responsable de la muerte de 16 personas cerró los ojos. Su cuerpo había sido envenenado lentamente por la justicia estadounidense. Sus órganos vitales habían dejado de responder. Su carrera criminal había terminado ante la mirada de los familiares de a quienes les arrebató la vida. Esta es su historia.
¿Quién fue ‘el asesino del ferrocarril’?
De la vida de Ángel Maturino Reséndiz no se sabe mucho. Las autoridades investigaron que nació el 1 de agosto de 1960 en el pueblo de Izúcar de Matamoros en Puebla, que cruzó la frontera ilegalmente a principios de los setenta y que fue deportado a su país de origen –donde tenía una esposa y a su madre– en cuatro ocasiones.
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Sin embargo, nadie parece haberle seguido la pista por buena parte de su vida. ¿Por qué habrían de hacerlo? El mexicano era un hombre sin propósitos, ni compromisos. Su apariencia y estilo de vida permitían que cualquiera lo confundiera con un vagabundo, personajes de la sociedad que todos parecen ignorar cotidianamente.
De hecho, Maturino –un falso apellido que Ángel Leoncio Reyes Recendis acogió como propio tras iniciar su oleada de delitos– se mantuvo lejos de la atención incluso después de que asesinó a su primera víctima.
Los crímenes de Ángel Maturino Reséndiz
En marzo de 1986, Ángel Maturino Reséndiz disparó en contra de una mujer a la que había conocido en un refugio para personas sin hogar. Después enterró su cuerpo y escapó del lugar. Días más tarde, aún sabiéndose en la impunidad, regresó al lugar donde se encontró por primera con su víctima para matar a la pareja de esta. Con él no tuvo la misma consideración y solo desechó su cuerpo a la corriente de un río.
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Entre julio de 1991 y junio de 1999, Maturino Reséndiz terminó con la vida de 14 individuos más. La mayoría de ellos vivían cerca de las vías del ferrocarril o sus cuerpos fueron abandonados en las inmediaciones de unas. De allí que los medios y la policía le nombraran ‘el asesino del ferrocarril’, una vez que se definió que el modus operandi utilizado para matar había sido el mismo en las 14 ocasiones.

Según la policía de Texas, el criminal tenía costumbres muy marcadas al momento de matar. Entraba a la casa de sus víctimas y los golpeaba hasta la muerte con piedras, picos o cualquier objeto contundente. Después se quedaba a comer y se llevaba consigo objetos que consideraba valiosos, en lo económico como en lo sentimental. También tapaba a los cuerpos antes de dejarlos para ser encontrados. En algunas ocasiones, el ‘asesino del ferrocarril’ violó a sus víctimas femeninas. En otras solo se robó sus joyas para enviárselas a su madre y a su esposa, que vivían en Durango.
¿Qué pasó con ‘el asesino del ferrocarril’?
Después de que se encontraron huellas digitales en una de las casas de sus víctimas, las autoridades pudieron señalar a Ángel Maturino Reséndiz como el asesino serial que buscaban. Sin embargo, capturarlo no iba a ser fácil, especialmente si se considera que el hombre estaba acostumbrado a ser invisible ante las personas y tener múltiples alias, como Rafael Resendez-Ramírez.
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En la década de los noventa, el FBI atrajo el caso y puso al mexicano en su lista de los más buscados. Así fue como Manuela Recendis descubrió la vida que llevaba su hermano en Estados Unidos. Tras considerarlo mucho, llamó a la policía y citó a su hermano en el puente que conecta El Paso, Texas con Ciudad Juárez. Allí sostuvieron una plática familiar que terminó con la rendición de Ángel ante la policía texana.

Durante un largo juicio, el ‘asesino del ferrocarril’ intentó alegar que padecía demencia y que esto le había ocasionado alucinaciones que lo llevaron a cometer sus delitos. El jurado no le creyó y en 2006 decidieron que era mentalmente capaz de enfrentar su condena: la pena máxima. El 27 de junio de 2006, Ángel Maturino Reséndiz falleció tranquilamente. “Merezco lo que estoy recibiendo”, señaló antes de una aguja con químicos cerrara el último capítulo en la historia de uno de los asesinos seriales más mortíferos de la historia estadounidense.
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