Los afectados por este trastorno –– también llamado pluviofobia –– sienten temor o incluso asco hacia la lluvia y a que los moje. Es mucho menos común que otras fobias con las que se relaciona, como la brontofobia –temor desmedido hacia las tormentas– y la astrapofobia –hacia los relámpagos y los truenos–.
Quienes la padecen pueden mostrar ansiedad o excesiva sudoración sólo con ver nubarrones.
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