Las personas tímidas son más propensas a sufrir fobia a la pronunciación de palabras muy largas y complejas, por lo que suelen evitar su uso.
Para no someter a quienes lo padecen a una retorcida e irónica tortura cada ocasión que tienen o necesitan hablar de su propio trastorno, a este miedo se le conoce también como largsofobia.
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