Imagen: Getty
La famosa sordera de Ludwig van Beethoven no impidió que siguiera tocando el piano. Aquejado de una severa otoesclerosis del oído interno, Beethoven (1770-1827) comenzó a perder el oído en 1796, a la edad de 26 años.
Su hipoacusia se acentuaría gravemente a lo largo de la década siguiente, y en los últimos ocho años de su vida la sordera fue total.
Para trabajar, el genial compositor se ayudaba de una varilla de madera que sostenía entre los dientes, cuyo extremo colocaba sobre la tapa del piano para captar las vibraciones producidas por las notas.
En los años de sordera absoluta siguió tocando y era capaz de leer sus composiciones como si se tratara de un libro, por pura asociación sensopsíquica entre la imagen musical y la auditiva.
Fue en 1801, con 31 años, cuando empezó a confiar a sus mejores amigos que estaba experimentando síntomas de sordera. En una carta explicaba:
“Mi oído se ha puesto mucho peor en los últimos tres años, hecho que fue causado por la condición de mi estómago”.
El compositor alemán se sometió a multitud de tratamientos, infructuosamente, pero continuó componiendo y muchas de sus obras clave -como la Sinfonía n.º 9- las creó ya con este problema.
Con veinticuatro años, Beethoven publicó su primera obra importante: tres tríos para piano, violín y violonchelo (Opus 1) y el año siguiente, en 1795, realizó su primer concierto público en Viena como compositor profesional, en el que interpretó sus propias obras.
Fuente: Genio y drama: La sordera de Beethoven, del Dr. Jorge García Gómez
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