Pese a su negativa a asearse en más de cinco décadas, Amou Haji gozaba de una excelente salud, tomando en cuenta su edad y estilo de vida.
No se bañaba desde hacía más de 50 años por temor a enfermarse. Así vivió Amou Haji, quien murió el domingo en el pueblo de Dejgah, en la provincia de Fars (sur de Irán), indicó la agencia de noticias Irna.
Según Times Now News, algunos lugareños creen que le daba miedo el agua. Otros dicen que simplemente creía que la limpieza trae consigo la enfermedad, y que se mantenía sucio en busca de un estilo de vida más saludable.
La extraña vida de Amou Haji es un documental de 2013 que cuenta la vida tan peculiar de este personaje. Algo que llama la atención acerca de Haji es que pese a su negativa a asearse gozaba de una excelente salud, tomando en cuenta su edad.

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Esto llamó la atención de la comunidad médica, a tal grado que recibió la visita de un equipo sanitario de la Escuela de Salud Pública de Teherán para hacerle algunas pruebas.
Solo encontraron una infección conocida como Triquinosis (que suele aparecer por ingerir carne mal preparada), pero que en Haji no tenía señales de presentar síntomas.
Su conclusión fue que las circunstancias tan difíciles en las que vivió este hombre, le hicieron desarrollar un sistema inmunológico fuerte. Esto lo protegió de patologías e hizo que estuviese próximo a completar un siglo de vida.

Una dieta algo… desagradable
Se dice que Amou Haji subsistía con una dieta compuesta, en gran parte, por animales muertos en la carretera. Decía que su comida favorita era la carne de puercoespín podrida. No es que no tuviera acceso a comida fresca, sino que le disgustaba de verdad. Al parecer, Haji se enfadaba cuando los aldeanos intentaban llevarle comida casera y agua limpia.
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Pero aunque rechazaba el agua dulce, se mantenía hidratado, ya que bebía un galón de agua cada día. Recogía el agua de los charcos y la bebía a sorbos de una lata de aceite oxidada.
Cuando no comía o bebía, Haji disfrutaba de sus pasatiempos favoritos, como fumar heces de animales en su pipa. Cuando no había excrementos, se conformaba con cigarrillos de tabaco, y se sabe que fumaba hasta cinco de ellos a la vez.

Amou Haji, aislado del mundo
Según el documental, Haji atravesó por diversos problemas emocionales que lo llevaron a tomar la decisión de aislarse del mundo y vivir como un vagabundo. Los refugios improvisados o los agujeros en el suelo se convirtieron en su hogar.
Con la piel ceniza debido a la suciedad, una barba larga y descuidada, y con ropas confeccionadas con lo que se iba encontrando a su paso, el hombre más sucio del mundo logró salir adelante. Diversos medios locales se acercaron a él en diferentes momentos para conocer su historia.

Cierta ocasión, un grupo de ciudadanos amigos le construyeron una choza de ladrillos abierta para que durmiera en ella cuando hacía frío. Además de la choza, se las arreglaba para mantenerse caliente durante los meses más fríos usando un viejo casco de guerra y poniéndose los pocos trapos de ropa que tenía.
Aunque Amou Haji no se bañaba, se preocupaba por su aspecto. Se recortaba el pelo y la barba quemándolos a la longitud deseada con una llama abierta, y utilizaba espejos de coche al azar para comprobar de vez en cuando su reflejo.
Haji gustaba de estar al día de la política y discutir sobre las guerras de las que tenía más conocimientos: las revoluciones francesa y rusa. El gobernador local llegó a decir que era agradable conversar con el hombre más sucio del mundo, a pesar de su aspecto, y condenó a los alborotadores que menospreciaban verbalmente y lanzaban piedras al ermitaño.
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