Durante la evolución humana, el tamaño del cerebro aumentó, especialmente en una parte particular del cerebro llamada neocorteza. Imagen: Robina Weermeijer-Unsplash
De acuerdo a Lisa Ronan, investigadora del Departamento de Psiquiatría de la Universidad de Cambridge, nuestros cerebros tienen pliegues porque la corteza cerebral o la superficie externa del cerebro, lo que comúnmente se denomina como materia gris se expande para luego arrugarse durante el proceso de desarrollo del cerebro durante la gestación.
“En esencia, esta expansión hace que aumente la presión en esa superficie exterior, que luego se mitiga al plegarse”, dijo Ronan, a Live Science.
En otras palabras, si existe una expansión irregular en una parte del material, otra región se puede ver forzada a plegarse para ajustar la presión.
De igual manera, estos innumerables pliegues permiten a los humanos acumular más neuronas.
Sin embargo, los cerebros plegados apenas son ubicuos, ya que la mayoría de los cerebros de los animales no están plegados.
Cuando ocurre el plegamiento del cerebro, tiende a ocurrir en animales con cerebros más grandes, dijo Ronan. “Pero este no es siempre el caso: algunos mamíferos grandes como el manatí tienen muchos menos pliegues de lo que los investigadores esperarían de acuerdo con el tamaño de su cerebro”, agregó.
Hay una buena razón para esto: si un pliegue se forma no solo depende del crecimiento general de la corteza, sino también de las propiedades físicas de esa parte de la corteza. Por ejemplo, las regiones más delgadas tienden a doblarse más fácilmente que otras, dijo Ronan.
Aunque las crestas y los valles de los cerebros, llamados gyri y sulci, respectivamente, parecen aleatorios, en realidad son consistentes entre los individuos e incluso algunas especies.
Se ha observado que las regiones más delgadas del cerebro se doblan con mayor facilidad. Particularmente, Ronan expone:
“Nacemos con el cerebro arrugado; pero, un aspecto interesante de esto es que el cerebro se pliega en patrones específicos, demostrando ciertas consistencias que indican que el plegado tiene un significado”.
De esta manera, se plantea que las propiedades físicas y los patrones de plegado únicos de acuerdo a las regiones del cerebro se relacionan con sus funciones. De hecho, no se trata tanto del tamaño, sino del funcionamiento de la corteza.
Por ejemplo, los elefantes tienen cerebros de mayor tamaño y más arrugados que los humanos, sin embargo, son estos últimos los que encabezan la cima evolutiva.
La investigadora concluyó que la función de nuestra corteza cerebral es más avanzada, al menos en algunos aspectos, a pesar de que el cerebro de los elefantes es más arrugado.
Finalmente, la investigadora plantea que parte de la utilidad de estas arrugas es que nos permite contener más células cerebrales en el espacio reducido que nos permite el cráneo.
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