La cocaína proviene de las hojas de coca. Esta droga ha sido utilizada desde hace cientos de años y puede ser ingerida en forma de polvo, líquido o cristales. Es conocida como coca, dama blanca o talco.
¿Cómo lo consumen?
La cocaína es un polvo blanco que suele ser inhalado por la nariz o inyectado. Además, al mezclarse con bicarbonato sódico se convierte en cristal y es llamado crack. Éste se fuma en pequeños tubos de vidrio.
El efecto de la cocaína en el cuerpo
Al ingerirse, la coca hace que los niveles de dopamina en el cuerpo incrementan notoriamente. La dopamina es un neurotransmisor de gran importancia en la zona del cerebro donde se controla el placer. Bajo los efectos de esta droga, las personas se sienten eufóricas y llenas de energía. También pueden experimentar gran sensibilidad a sonidos, texturas e imágenes, así como paranoia y enojo.
Consecuencias
Al ser sumamente adictiva, es muy fácil perder el control sobre el consumo de esta droga. Las personas que la consumen desarrollan tolerancia, por lo que cada vez necesitarán una dosis mayor.

En la imagen se muestra el comparativo del cerebro de una persona sana y una con adicción a la cocaína. Los receptores de dopamina en el cerebro de un adicto se modifican, por lo que les es más difícil disfrutar cualquier otra fuente de placer, como las relaciones interpersonales y la comida.
Esta sustancia altera el sistema nervioso y cardiovascular, así que puede provocar ataques cardíacos y accidentes cerebrovasculares. La inhalación regular de este polvo provoca pérdida del olfato, hemorragias nasales, pérdida de apetito y control sobre el propio cuerpo.
Cuando se ingiere, la cocaína puede causar gangrena grave en los intestinos porque reduce el flujo sanguíneo. Además, las personas que la inyectan tienen marcas de pinchazos y trayectos venenosos conocidos como “tracks”, usualmente en los antebrazos.
Los usuarios intravenosos también pueden experimentar reacciones alérgicas, ya sea a la droga o a algunos de los aditivos que se agregan a la cocaína en la calle y, en los casos más severos, estas reacciones pueden provocar la muerte. El uso crónico causa pérdida del apetito haciendo que muchos consumidores tengan una pérdida significativa de peso y sufran de malnutrición.
