Los niveles de radiación en algunas regiones de las Islas Marshall son mucho más altos que en las áreas afectadas por el desastre nuclear de Chernóbil.
De acuerdo a una investigación del Centro de Estudios Nucleares de la Universidad de Columbia, la concentración de isótopos nucleares en algunas de las islas está muy por encima del límite de exposición legal.
Los estudios midieron muestras de suelo, sedimentos oceánicos y una variedad de frutos.
Investigación bélica-nuclear: consecuencias
Cerca de 70 bombas termonucleares detonadas por las fuerzas armadas de los Estados Unidos entre 1946 y 1958 dejaron una contaminación generalizada en las Islas Marshall, una cadena de atolones entre Australia y Hawai.
Un atolón es una isla de corales con forma de anillo. Al interior alberga una laguna submarina que se conecta con el océano.
Tales sucesos fueron consecuencia de la investigación para desarrollar armas cada vez más poderosas. Sin importar el fin de la Segunda Guerra Mundial, las disputas entre Estados Unidos y la Unión Soviética mantuvieron una guerra armamentista.
La detonación termonuclear más grande, “Castle Bravo”, en 1954 en el atolón Bikini, fue mil veces más poderosa que las provocadas por las bombas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki.
Las explosiones termonucleares causan una enorme contaminación radioactiva al medio ambiente. Cuando se prueban en pequeñas islas, vaporizan la tierra y producen radionúclidos (pequeños átomos con exceso de radiactividad) que se depositan en el sedimento del océano.

Por desgracia, los más grandes afectados de tales experimentos fueron y siguen siendo los habitantes de Marshall.
A pesar de ello, el desarrollo de las Islas Marshall ha experimentado un rápido crecimiento desde la década de 1960.
Sin embargo, la mayoría de los habitantes viven en dos islas atestadas de personas. No pueden regresar a sus lugares de origen debido a la radiación.
Las consecuencias nucleares de las pruebas bélicas están más concentradas en los atolones Bikini, Enewetak, Rongelap y Utirik.
Para garantizar una reubicación segura en los atolones de Bikini y Rongelap, será necesaria una mayor recuperación ambiental implementada por el gobierno de las islas y el de los Estados Unidos.
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