Gracias a la prohibición mundial de cluorofluorocarbonos y a ciertas condiciones ambientales, se evitó mayor destrucción en la capa de ozono sobre el Ártico
Con ayuda de la naturaleza, la prohibición mundial de productos químicos que agotan el ozono ha evitado la formación de un segundo “agujero” en la atmósfera sobre el Ártico, de acuerdo con un nuevo estudio. La investigadora Susan Salomon, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, asegura que esta historia de éxito se debe a que se tomaron las medidas necesarias en el momento adecuado.
Tras analizar 50 años de registros de ozono en el Ártico, Solomon y su equipo observaron que los niveles de ozono en la atmósfera no habían decaído a los extremos que sobre la Antártida. Esto, en parte, se debe a las diferencias naturales entre ambos polos. Las temperaturas ligeramente más cálidas del Ártico, las variaciones en exposición solar y las discrepancias geológicas evitaron que el ozono sobre el Polo Norte desapareciera a un ritmo tan acelerado.
De acuerdo con los expertos, el factor principal es la temperatura fría. Tan sólo unos grados de diferencia marcan un enorme incremento en el deterioro de la capa de ozono. Las concentraciones más bajas del gas ocurren cuando la temperatura del aire se encuentra entre -80 a -85 grados centígrados.
El ozono en la atmósfera ayuda a bloquear los dañinos rayos ultravioleta del sol. Sin este filtro, la existencia de vida en la Tierra sería imposible, El Protocolo de Montreal de 1987 prohibió el uso de los cluorofluorocarbonos (CFS), productos químicos empleados en aerosoles como el spray para el cabello, así como en refrigeradores, aires acondicionados y solventes de limpieza, debido a su destrucción de la capa de ozono.
Los resutados de la investigación, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences, demuestran cómo los esfuerzos por proteger al medio ambiente son efectivos y necesarios. Esperemos que este caso de éxito incremente la motivación por llevar a cabo un comportamiento ecológico.