Ilustración: Getty Images
Pasó en la década de los 70. Un equipo de biólogos y geofísicos empezaron a cuestionar la idea de que la vida en la Tierra era una mera respuesta biológica a una variedad de condiciones físicas. Por el contrario, surgió la idea de que, tal vez, nuestro planeta tenía la capacidad de regularse a sí mismo. Para mantener al entorno estable y favorable, según la teoría ‘Gaia’, podría ser que la naturaleza tuviera un mecanismo de defensa natural, que dio inicio a la vida hace 3 mil 800 millones de años.
La teoría causó revuelo entre diversas ramas del saber. A los científicos que se adentraron en esta nueva perspectiva se les tachó de hippies con falta de seriedad. Con una celeridad intempestiva, la teoría ‘Gaia’ se trasladó a la cultura popular y empezó a formar parte del discurso en favor del cuidado del medio ambiente. Algunos afiliados fueron un paso más allá, y aseguraron que el planeta tenía consciencia de nuestras acciones. Esto es lo que sucede realmente.
Fue en la década de los 70 que, por primera vez, se detectó un agujero masivo en la capa de ozono. Por ello se entiende a un adelgazamiento en la cobertura protectora que, naturalmente, tiene nuestro planeta para mantener la vida como la conocemos. De otra manera, las partículas de energía que emite el Sol con sus ráfagas cósmicas destruirían al planeta y a sus condiciones biológicas.
De acuerdo con National Geographic, estos hoyos son producto de sustancias como clorofluorocarburos (CFC), contenidos en los aerosoles y algunos productos de belleza, que estaban en boga durante la época. Al liberarse a la atmósfera, interactúan con el ozono (O3) y obstaculizan su función protectora contra los rayos ultravioleta, provenientes del Sol.
Esta noticia generó alarma entre biólogos, astrónomos y otros científicos dedicados a conocer las condiciones de vida terrestres: la situación era bastante más delicada de lo que hubiera parecido. Fue así como empezó a hablarse del cambio climático. En esta coyuntura, el hecho de que surgieran alternativas teóricas para sustentar cómo se mantiene la vida en la Tierra fue una consecuencia natural de la emergencia.
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La teoría de Gaia afirma que nuestro planeta se mantiene en “un estado habitable mediante mecanismos de retroalimentación autorreguladores“, relacionados a los organismos vivos que la habitan, según explica Tim Lenton, ambientalista de la Universidad de Exester.
Para los científicos que desarrollaron esta hipótesis, había varios puntos clave a considerar:
Esto explicaría, de acuerdo con este desarrollo teórico, la amplificación biológica que ha tenido el planeta por millones de años. Sin embargo, para los científicos detractores de diversas universidades, la teoría de Gaia tenía varios problemas. Entre ellos, que hubo científicos que saltaron a concluir que estos razonamientos eran suficiente sustento para afirmar que la Tierra era un organismo vivo en sí mismo. Los más radicales decían que tiene consciencia propia.
Diversas tradiciones ancestrales aseguran que la madre naturaleza provee a sus criaturas de todo lo que necesitan para vivir bien. Algunas religiones lo atribuyen a un único Dios. Otras, a las fuerzas divinas del Universo que, con consciencia, saben qué es mejor en el flujo de energía cósmico. Por ello, la astrología también sacó provecho de la proliferación de Gaia como teoría científica.
Por esta razón, particularmente durante las décadas de los 70 y 80, diversas hipótesis de pseudociencia afloraron en torno a Gaia. Aunque inicialmente partía de un desarrollo científico serio, la cultura popular se encargó de modificar estos razonamientos y convertirlos en una justificación para tener una conexión espiritual con el planeta.
Bajo esta lógica, la Tierra es un ente sensible, que tiene memoria infinita y que registra los cambios que acontecen sobre de ella. Para los conspiracionistas, las empresas se habían encargado de limitar esta conexión en favor del beneficio económico de algunos cuantos, quienes disfrutaban del fruto de la explotación natural. Sin embargo, no existe evidencia concluyente de que la Tierra sea un organismo y vivo consciente.
Por esta razón, la línea de investigación científica en torno a Gaia perdió validez como un estudio serio. Aún así, hay biólogos y ambientalistas que siguen esta línea de pensamiento, desde el punto de vista de que la Tierra tiene la capacidad de autorregularse para privilegiar las condiciones óptimas para que la vida persista. Lo demás, ha sido relegado al terreno de la especulación psuedocientífica.
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