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Desde el aire, el caudal del río Amazonas, el más poderoso del mundo aparece casi indistinto, apenas un trazo hidrológico sumido en la geología verde. Pero en tierra firme, la selva amazónica y su “río de los mil ríos” se ponen uno a uno todos los apodos con que los hemos intentado describir desde hace milenios. Por Guadalupe Ángela Posada-Swafford
Alucinante, febril; una vorágine de agua, aves, insectos, barro y trillones de hojas verdes que esconden ocelotes, jaguares, virus, monos, loros y perezosos. Con cada paso que se da sobre esa tierra rojiza y mojada, se pisa quién sabe cuántos millones de microbios aún no descritos para la ciencia, porque el Amazonas alberga la colección más grande de plantas y animales vivientes del planeta.
Pero ¿cómo se formó y evolucionó esta selva colosal y cuál es la causa de su asombrosa biodiversidad? He aquí uno de los más grandes retos de la biogeografía actual, un misterio que desde hace décadas científicos en varios países han estado intentando aclarar.
Estudios independientes que van desde la geología hasta la genética de plantas, la paleontología y la química de sedimentos, están pintando un cuadro algo más completo pero aún controvertido de la historia de esta selva de proporciones continentales.
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Una investigación publicada en 2017 en la edición de mayo de Science Advances añade otra pieza al rompecabezas, describiendo el contenido de dos núcleos de sedimentos perforados en el oriente de Colombia y el noroccidente de Brasil.
Según el estudio encabezado por el palinólogo (experto en polen) Carlos Jaramillo, del Smithsonian Tropical Research Institute, en Panamá, y el climatólogo Jaime Escobar, de la Universidad del Norte, en Colombia.
El análisis de la química de las capas de sedimento muestra que en Colombia las dos inundaciones duraron 900 mil y 3.7 millones de años, mientras que en la Amazonia occidental, que está más lejos del océano, permanecieron por 200 mil y 400 mil años respectivamente.
“Hallar un diente de tiburón en un núcleo tan sumamente angosto significa que debe haber muchos más, y eso indica la intensidad de las incursiones de agua marina”, dice Jaramillo, añadiendo que la presencia de delfines de río en el Amazonas moderno es otra prueba poderosa del pasado salado de la cuenca.
A decir de su colega Jaime Escobar, el estudio sugiere cómo, a medida que el agua salada del río Amazonas avanzaba hacia el continente, iba perdiendo profundidad, convirtiéndose en un ecosistema salobre y finalmente en un área marginal, o de transición, donde el agua dio paso a la tierra firme.
Los nuevos hallazgos concuerdan con investigaciones previas realizadas por la geóloga y palinóloga Carina Hoorn, quien trabaja con las universidades de Ámsterdam y de IKIAM, Ecuador. En 2016 Hoorn (ella no está involucrada en el estudio de Jaramillo) determinó que el río Amazonas comenzó a fluir hace nueve millones de años.
“Tomada en su totalidad, la nueva evidencia de las incursiones marinas en la Amazonia es realmente abrumadora”, señala la experta. “Y abre el camino para llevar a cabo nuevas investigaciones acerca de cómo este medio ambiente marino pudo haber influenciado la evolución de la biodiversidad en la región.”
Los científicos en general conceden que la causa de la rica biodiversidad del Amazonas está en los brutales cambios geológicos que este lugar del planeta sufrió. Desde las inundaciones masivas hasta el desplazamiento de las costas del continente, el cambio de curso de los ríos y el mismísimo levantamiento de los Andes, fragmentaron y transformaron hábitats, obligando a las criaturas y plantas a adaptarse y, como consecuencia, a formar especies nuevas.
No obstante, los expertos difieren en la naturaleza misma de esos cambios geológicos: ¿Cómo era la cuenca amazónica antes de que el río se formara? ¿El río Amazonas fue siempre una selva? ¿Estuvo más inundada que cubierta de tierra firme? ¿Fueron las inundaciones de agua marina, o habría sido más bien un enorme lago de agua dulce?
“La investigación de Jaramillo y sus colegas en Colombia provee evidencia importante, aunque no absolutamente concluyente, de incursiones marinas”, expresó el biólogo evolucionario Christopher Dick, de la Universidad de Michigan, quien estudia la diversificación de las plantas en varias partes del Amazonas. “Pero incluso con estos nuevos datos, los otros escenarios siguen siendo posibles.”
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Tal vez el más dramático de estos escenarios sea el surgimiento de las montañas andinas. “Estamos examinando no sólo rocas sino fósiles y plantas vivientes cuyos genomas tienen las claves de dónde y cuándo se diversificaron”, explica Paul Baker, geólogo de la Universidad de Duke, en Carolina del Norte. Baker opina que cuando se elevaron las montañas la explosión de nuevos hábitats en las laderas, cimas y valles fue tan extrema como la transformación geológica.
En efecto, cuando se sube o baja de una montaña, la relación entre la topografía y la riqueza de especies es muy obvia. Cada piso térmico es una explosión de seres nuevos. Y todo eso culmina en el bosque de niebla, ya que éste es el hervidero donde todas estas especies se mezclan, se unen compiten y se diversifican.
Los análisis geoquímicos también señalan que hace entre 23 millones a 10 millones de años el Amazonas occidental era un sistema de agua dulce. De acuerdo con un artículo de 2015 en la revista Science, Werner Piller, paleontólogo de la Universidad de Graz, Austria, estudió ostrácodos fosilizados –pequeños crustáceos con un caparazón como de almeja–, provenientes de una muestra del Amazonas occidental.
Según Carina Hoorn, “eso es justamente lo que uno espera ver en un ambiente de estuario, donde el agua dulce y el agua salada se van mezclando a medida que las incursiones de mar van y vienen”. Es decir, un ambiente igual al que Jaime Escobar y Carlos Jaramillo detectaron en su núcleo de sedimento colombiano.
Estos dos últimos expertos hacen notar además que los parientes marinos de muchas de las especies de peces amazónicos, incluyendo las rayas de agua dulce, viven hoy en el Caribe a lo largo de la costa del norte de Sudamérica, justo en el punto por donde el reciente estudio de Science Advances indica que penetró el mar. No sólo eso sino que sus árboles genealógicos sugieren que esos linajes invadieron el Amazonas repentinamente.
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Cuando se formaron los Andes, las enormes montañas fueron creando una depresión frente a ellos, que lentamente se fue llenando de sedimentos.
“Desde entonces hasta ahora, el suelo del Amazonas ha ido ‘rebotando’, levantándose nuevamente”, asienta Jaramillo. “Pero al mismo tiempo, el río sigue taladrando su propia cuenca.
Ahora, la mayoría del bosque amazónico vive en áreas donde no se inunda. Pero en el Mioceno, eso era al revés: la roca muestra que eran bosques que se inundaban todo el tiempo porque el piso estaba más debajo. El Amazonas era un pantano del tamaño de Norteamérica, y por eso no extraña la cantidad de cocodrilos –hasta siete especies en un mismo lugar–.”
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