Imagen: Pixabay
No hace falta haber estudiado antropología o zoología para conocer el término “macho alfa”. Se refiere al líder de una manada (jauría, tropa, rebaño, banda, etcétera) respetado y obedecido por el resto del grupo, y que al menos en el imaginario colectivo establece su dominio gracias al poderío físico. Por Guadalupe Alemán Lascurain
El diccionario urbano tiene una definición divertida: “El macho alfa es el que se queda con todas las nenas”. El primero en usarlo fue el etólogo Rudolf Schenkel, de la Universidad de Basilea (Suiza), en Estudios acerca de la expresión de los lobos (1947), donde plantea que una manada de lobos se estructura bajo una estricta jerarquía social, dirigida por un “macho alfa” y una “hembra alfa”. La obra de Schenkel también señala que:
En 1975, el primatólogo holandés Frans de Waal estudió una colonia de chimpancés al aire libre en el zoológico de Arnhem (Holanda). Como resultado de su investigación, que duró seis años, De Waal publicó La política de los chimpancés (1982), donde describe los conflictos, armonías y rivalidades de la comunidad de chimpancés de Arnhem, así como las estrategias empleadas por los simios para ejercer el poder y mantener al grupo unido. “A veces su comportamiento parece extraído de páginas de Maquiavelo”, comentó el autor, sugiriendo que los orígenes de la política son más antiguos que la humanidad misma.
En junio de 2018, De Waal recibió el premio NAT de divulgación de ciencias naturales, otorgado por el Museo de Ciencias Naturales de Barcelona, “por la nueva mirada que ofrece del comportamiento animal al establecer un paralelismo entre la conducta de los primates y la de los seres humanos en aspectos como la política, la empatía, la moralidad y la justicia”.
Ahora bien: una cosa es el trabajo serio realizado por investigadores como De Waal o Schenkel, y otra distinta lo que la mayoría de la gente entendió o quiso entender a partir de sus respectivas obras de divulgación. Esto del paralelismo entre la sociedad humana y la organización jerárquica de otros animales sociales resultó muy conveniente para explicar o justificar todo tipo de conductas, incluyendo algunas que ni los bonobos aprobarían (“Señora, es que su chamaco le pega a todos”; “Claro, es el alfa del salón…”).
Hoy en día, el término “macho alfa” se ha convertido en un estereotipo que abarca diversos ámbitos. Pongamos por ejemplo la mercadotecnia. Un estudio realizado en Suecia por Anders Gustafsson, profesor de marketing en la Universidad de Karlstad, demostró que los hombres gastaban más en una tienda de muebles cuando eran recibidos por un vendedor grande y musculoso.
Gustafsson concluyó que, inconscientemente, los hombres compran guiados por sus instintos, haciendo alarde de su poder adquisitivo para compensar el sentimiento de inferioridad que les provoca la presencia de un “macho alfa”.
La cultura corporativa también se ha apropiado del cliché, aunque sea para cuestionarlo, como puede leerse en este ejemplo: “Subsisten muchas organizaciones en donde el (accionista o gerente) controlador actúa como macho alfa dominante que reduce los tiempos para preguntar, escuchar u observar, requisitos necesarios para una buena reflexión corporativa. Esto puede abreviar el proceso de toma de decisiones, pero lo hace mucho más riesgoso…”. Y claro, persiste el machismo tóxico que pretende fundamentar la violencia en una supuesta condición biológica.
También lee: HOMBRES, ¿A MAYOR PICOR MÁS TESTOSTERONA?
Aunque el término “macho alfa” fue acuña do por Rudolf Schenkel, su popularización se debe a David Mech, otro experto en lobos, autor de El lobo: ecología y comportamiento de una especie en peligro de extinción (1970). Dos datos curiosos acerca de esta obra: a) se sigue vendiendo y b) Mech ha intentado retirarla de las librerías. ¿Por qué?
El autor explica que sus primeras hipótesis se basaron en el estudio de una manada en cautiverio, creada artificialmente juntando individuos de distintos zoológicos. Privados de su libertad, los lobos peleaban por la dominancia y el vencedor era reconocido como el “lobo alfa”. Más tarde, cuando Mechse dedicó a estudiar manadas en su estado natural, llegó a conclusiones completamente distintas, que desmantelan las teorías de la dominancia y el rol del “alfa”.
Resulta que las manadas de lobos salvajes son más parecidas a una familia, con progenitores, hijos, hermanos, nietos, etcétera. Los padres cuidan de sus lobeznos y vigilan su alimentación y educación. Cuando un lobo joven quiere formar su propia manada, no lucha por la dominancia:
En suma: el líder no se gana el puesto por ser el más fortachón, agresivo, impulsivo o malhumorado. Muchas veces interviene activamente en la cacería, pero ya que la manada captura a la presa, se va a dormir y espera a que los demás hayan saciado su hambre. Cito a Rick McIntyre, veterano guardabosques y estudioso de los lobos del Parque Nacional de Yellowstone:
Con respecto a los primates, sucede algo parecido. En una interesante TED Talk titulada Comportamiento moral en animales (2012), Frans de Waals explica que sus pri meros estudios se centraron en la agresividad y competitividad de los chimpancés, pero que modificó su visión cuando se enfocó en los actos prosociales y desinteresados que ejercen los simios. Durante la misma charla, el científico critica la idea de que “el hombre es el lobo del hombre”, es decir: que por naturaleza, los seres humanos somos agresivos y egoístas.
“Creo que es una imagen injusta para con los lobos”, aclara De Waals. “De hecho, son animales altamente cooperativos. Es la razón por la cual muchos de ustedes tienen perros en casa; comparten los mismos atributos.
También lee: ¿LOS HOMBRES TIENEN CICLOS HORMONALES?
La creencia de que el “macho alfa” domina a través de la agresividad o la fuerza bruta es errónea en muchos niveles. Para empezar, entre las especies estudiadas también hay una “hembra alfa”. Por otra parte, recientes descubrimientos en el campo de la zoología dejan claro que ni los lobos, ni los perros ni los primates (ni muchas otras especies con una compleja estructura social, como los elefantes y los delfines) se organizan a través del bullying.
Es verdad que los “jefes” en el reino animal tienen ciertos privilegios, como el acceso a la comida y la libertad para elegir con quién aparearse, pero se ganan su lugar porque son respetados, no temidos. Según Frans de Waal, he aquí las verdaderas cualidades de los líderes de la manada: pueden formar y conservar alianzas duraderas (es decir, saben elegir bien a sus amistades); son generosos y capaces de proteger a los otros miembros del grupo, en especial a aquellos más vulnerables, y están dispuestos a asumir los costos del liderazgo, tales como el alto grado de estrés que implica cuidar a todos mientras te cuidas las espaldas.
Pensándolo bien, son atributos que nuestra propia especie debería procurar más… ¿no creen?
¿Por qué no nos caemos de la cama al dormir? Todo tiene que ver con la conciencia de nuestro cuerpo…
Alguna vez te has preguntado, ¿cuánto tarda un cuerpo en descomponerse por completo? La respuesta la encuentras en estas líneas.…
La Antártida es el continente más frío, seco y alto del mundo, así como el desierto más grande del mundo.…
El nombre Kummakivi se traduce como "roca extraña". Los geólogos especulan que los glaciares llevaron la roca a su posición…
El sapo más grande del mundo pertenece a la especie sapo de caña (Rhinella marina). Entérate de más detalles acerca…
Las garras de los velocirraptores no eran un arma de muerte para sus presas, sino que tenían un propósito muy…