El e-waste o desecho electrónico es cualquier aparato de energía eléctrica cuyo periodo de vida útil ha culminado y al cual un mal tratamiento provoca un gran daño ambiental para todo en el planeta.
El deseo de los consumidores por poseer lo mejor y más moderno está contribuyendo a un problema ambiental de creciente seriedad y preocupación. El e-waste es uno de los flujos de desechos de más rápido crecimiento en las regiones en desarrollo, emergentes y desarrolladas.
Según la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) en 2018 se desecharon aproximadamente 50 millones de toneladas de aparatos eléctricos en todo el mundo. De estos, una cuarta parte —9.3 millones de toneladas— fueron dispositivos personales como celulares, tabletas, laptops y televisores.
¿Hasta dónde llega el e-waste?
La creciente incorporación de tecnología inteligente en los artículos domésticos se considera la causa principal del aumento en el flujo de desechos electrónicos.
Esto plantea problemas importantes: cómo prepararse para este crecimiento. Actualmente, existen programas masivos de reciclaje electrónico en algunos países, como Alemania, Estados Unidos o Reino Unido.
En México hay programas locales de reciclaje, como el Reciclatrón (anualmente) en la Ciudad de México, pero la mayor parte del problema lo tratan empresas privadas. La Secretaría del Medio Ambiente (SEMARNAT) estima que en México se generan anualmente alrededor de 400 mil toneladas de desechos electrónicos, unos 3,2 kg per cápita.

Los programas públicos y el trabajo de empresas privadas, sin embargo, no son suficientes para manejar las nuevas demandas. Además, las regulaciones no aseguran que el e-waste del hogar no se mezcle con los desechos residuales en los contenedores tradicionales y provoque aún más daño.
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La familia e-waste
El reciclaje de aparatos electrónicos se divide en seis tipos:
- Equipos de intercambio de temperatura: aparatos de calefacción, aire acondicionado, refrigeradores y congeladores.
- Pantallas y monitores: computadoras portátiles, tabletas y televisores.
- Lámparas: ya sean fluorescentes, led o de descarga de alta intensidad.
- Equipo grande: secadoras, estufas eléctricas, lavadoras, impresoras grandes y fotocopiadoras.
- Equipo pequeño: calculadoras, cámaras, herramientas eléctricas, aspiradoras, tostadoras.
- Aparatos inteligentes de telecomunicaciones: celulares, impresoras, fax y dispositivos GPS.
Enfrentar el problema
El mayor desafío al que se enfrentan los responsables de la política de residuos electrónicos se encuentra en los países en desarrollo. La mayoría de esas naciones no practican la clasificación de residuos y todo llega a terminar en el mismo tiradero: aparatos, papeles, orgánicos, desechos químicos.

Las regulaciones y los incentivos al reciclaje son la primera política pública a desarrollar en las naciones. En Finlandia, por ejemplo, el gobierno modificó la clasificación de los desechos electrónicos por tamaños y —de esta manera— ha desarrollado incentivos fiscales para que tanto individuos como empresas reciclen y traten sus desechos.
El camino no es sencillo, tratar las consecuencias del e-waste es una prioridad, aunque las causas —sobretodo el consumismo excesivo— también deberían preocupar.