Fotografía: Matt Walsh / Unsplash
La proporción alarmó gravemente a un equipo de científicos del Department of Pediatrics and Department of Environmental Medicine, en Nueva York. Ya se tenía registro de que el problema existía en la placenta de las mujeres humanas, sobre los cuerpos de las abejas, e incluso en las fronteras más inaccesibles del Ártico. Sin embargo, nunca antes se había encontrado evidencia de microplásticos en los organismos de los bebés.
Investigadores de la New York University detectaron restos de poliéster en bebés con pocos meses de vida. La información se obtuvo de muestras fecales de los niños en Estados Unidos, en las que se encontraron 36 mil nanogramos de tereftalato de polietileno (PET). De acuerdo con los científicos de NYU, esta cifra supera en 10 veces las que se encuentran en personas adultas promedio.
Es común encontrar estos restos en el cuerpo de las personas porque se desprende de la ropa, las botellas o los envases plásticos de un sólo uso. Lo realmente alarmante, según la cobertura de Wired, es que este mismo fenómeno se encontró en la primera popó de niños recién nacidos. La apuesta de los científicos es que los bebés estén obteniendo estos microplásticos de los objetos con los que interactúan desde sus primeros minutos de vida.
De acuerdo con el estudio, publicado recientemente en ASC Publications, los objetos varían desde mamilas, juguetes y dispositivos que se utilizan a nivel pediátrico. Sin embargo, la apuesta va más hacia cosas con las que interactúan en casa, desde sábanas hasta la tela de los sillones en la sala. A diferencia de lo que se creía originalmente, los bebés no tienen que llevarse nada a la boca para tener microplásticos en el cuerpo.
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Después de año y medio de recolectar pañales sucios, encontraron que el poliéster no es el único tipo de microplástico presente en las eches de los bebés. “Desafortunadamente, con el estilo de vida moderno, los bebés están expuestos a tantas cosas diferentes por las que no sabemos qué tipo de efecto pueden tener más adelante en su vida”, explica Kurunthachalam Kannan, científico de salud ambiental en la Escuela de Educación de la Universidad de Nueva York.
Para garantizar que se trataba de microplásticos presentes en los organismos de los bebés, descartaron por completo los tipos con los que se hacen los pañales. Aún así, la proporción con las cifras en personas adultas alarmó gravemente al equipo de científicos a cargo de Kannan. En el caso del policarbonato, la cifra resultó ser bastante igual en ambos grupos.
Los resultados de la investigación llevó a los autores a cuestionarse cuáles serán las implicaciones de una convivencia tan íntima con este tipo de materiales en la vida de los niños. Si bien ya se considera como un problema de salud pública en personas adultas, parece que la urgencia hoy se extiende a la pediatría, que antes ignoraba esta amenaza cotidiana.
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