Foto: NASA/ESA
El diseño único del telescopio Hubble, que permite que los astronautas lo reparen y actualicen con tecnología avanzada, lo ha convertido en uno de los observatorios más valiosos y de mayor duración de la NASA. Por Ariadna Rábago (Ary Snyder)
Hoy, el Hubble continúa ofreciendo vistas de maravillas cósmicas nunca antes vistas y todavía está a la vanguardia de la astronomía.
¿Sabías que su nombre lo recibe de Edwin Powell Hubble uno de los más importantes astrónomos estadounidenses del siglo XX?
Las pláticas en la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA) para poner en órbita un supertelescopio espacial comenzaron en los años 60 del siglo pasado; en los 70 se consiguió el dinero, y en 1983 sería puesto en órbita, pero se hizo hasta 1990.
Y ya en el espacio, al pobre telescopio Hubble le pasó lo peor: su espejo principal tenía una aberración (un defecto) que distorsionaba las imágenes y éstas resultaban casi inservibles. ¡Tanto trabajo parecía haber sido en vano!
Pero no fue así. En 1993 el transbordador espacial Discovery fue lanzado con siete astronautas, todo lo necesario para arreglar el desperfecto y, ya que estaban allá, mejorar sus instrumentos. La misión duró 11 días, requirió cinco caminatas espaciales y ¡fue un éxito!
En total, cinco misiones han visitado al Hubble para realizar reparaciones o reemplazar instrumentos o sistemas por otros mejores (la última, en 2009).
Tenemos telescopios extraordinarios aquí en la Tierra, así que, ¿para qué ponemos otros en órbita? Por tres razones principales:
1.Ciertos tipos de luz que son importantísimos para ver y estudiar los fenómenos del Universo son bloqueados por la atmósfera de nuestro planeta, por ejemplo buena parte de la luz ultravioleta e infrarroja, además de los rayos gamma y rayos X.
2. Para eliminar la distorsión que provoca en las imágenes la curvatura de nuestra atmósfera.
3. Para evitar todo tipo de contaminación lumínica generada por nosotros.
El telescopio Hubble ve objetos en varias regiones del espectro electromagnético: luz visible (la que vemos nosotros), luz ultravioleta y algo de luz infrarroja.
Gracias a sus cámaras de altísima resolución, nos ha mostrado vistas espectaculares del cosmos y nos ha permitido comprobar hipótesis y realizar descubrimientos de verdad asombrosos.
Imagina que en un planeta que está a cinco años luz de distancia hay seres inteligentes con telescopios megapotentes y miran a tu casa.
¿Crees que te verían leyendo justamente esta revista? No. Te verían haciendo lo que hayas estado haciendo hace cinco años –y con cinco años menos de edad–.
Eso mismo pasa cuando vemos una estrella que está a 500 años luz: la imagen que vemos hoy es de como era la estrella hace 500 años –el tiempo que le tomó a la luz viajar hasta donde estamos nosotros–. Sorprendente, ¿no crees?
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