No nos referimos a la que algunos niños llevan para pedir dulces o dinero, sino a la calaverita literaria. Por Ariadna Rábago (Ary Snyder).
Su origen data del siglo XIX y nació para expresar opiniones o sentimientos a manera de epitafios irreverentes –hacia personas o la situación política del país–. El primer periódico en publicar una fue El Socialista, de Guadalajara, en 1849.
Ahora lo divertido: escríbele una “calaverita” a todos los que quieras –vivos o muertos–.

Te compartimos una miniguía para lograrlo:
- Escribe para quién va a ser y sus características más aprovechables (algo chistoso o extravagante, por ejemplo).
- Pon de tu ronco pecho para hacerla graciosa, pícara e irreverente.
- Usa el nombre de la persona a quien se la escribes (para que sea muy personal).
- ¡Menciona a la Muerte! Puedes referirte a ella como “Huesuda”, “La Guadaña”, “Catrina”, “Calaca” o como quieras.
- Trata de que rime (los versos de 7, 8 y 11 sílabas suenan mejor).
- Hay dos tipos de finales para alguien que aún vive: con la muerte llevándose a quien le dedicas la calaverita al Más Allá, o con el que esta persona burla a la muerte para no irse ya. (No te preocupes, en ningún caso significa que le deseas la muerte).
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¿Quieres un ejemplo? Aquí va una para ti:
Estaba el lector de Junior
tan clavado leyendo la revista
que cuando llegó la Huesuda por él
no tuvo ninguna pista.
El lector nada tonto le dijo:
“Te invito un helado”
Y a la calavera tan sorprendida agarró
que cuando dijo que sí se la llevó a otro lado
allí le invitó un mole bien preparado
y tan picoso que las paredes la dejó arañando.
Se volvió la huesuda al panteón
dejando al lector de Junior en el salón
Le dijo él: “Ya no me vengas a buscar
que si te apareces te mando enchilar”.

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La Catrina
Un catrín es un hombre bastante elegante (lo conoces si has jugado Lotería). Una catrina es una mujer igual de elegante.
La Catrina original es la imagen plástica más representativa de la muerte en México y su origen es un grabado de 1910 realizado en metal por José Guadalupe Posada retratando a una garbancera, que era como se llamaba a quienes siendo indígenas o pobres pretendían ser de origen europeo adinerado. Posada la realizó centrándose en su cara con un sombrero muy pomposo.
Después, Diego Rivera la pintó en un mural junto a Posada, la nombró Catrina y le dio su atuendo con todo y estola de plumas, tal y como la conocemos hoy.
Texto publicado en revista Muy Interesante Junior México.
