La violenta erupción del Xitle cubrió de lava el sur del Valle de México y provocó la desaparición de la ciudad más imponente del Anáhuac: Cuicuilco.
Mucho antes de que se levantara la imponente Teotihuacán, de que los mexicas fundaran Tenochtitlan en el Lago de Texcoco o del esplendor de Tula, Cuicuilco era la ciudad más importante del Valle de México.
Ubicada en el extremo sur al pie del Ajusco, un área boscosa con ríos, lagos y arroyos, los primeros asentamientos humanos en la zona ocurrieron aproximadamente en el 900 a.C. y dieron paso a distintas aldeas cada vez más pobladas.
Para el año 200 a.C, Cuicuilco ya era el centro urbano y ceremonial más importante del Valle de México. En la metrópoli vivían más de 20 mil habitantes y aunque no se conoce mucho de su conformación, se trataba de una ciudad con áreas habitacionales y un amplio centro ceremonial, con arroyos y áreas de cultivo de maíz, tomate y huauzontle.
Sin embargo, un fenómeno natural detuvo el crecimiento de Cuicuilco y sus alrededores, sepultando los restos de la ciudad en una capa de lava sobre la que hoy se levanta la piedra volcánica del Pedregal:

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La erupción del Xitle en algún momento de los primeros dos siglos de esta era, uno de los 200 volcanes que forman parte de la Sierra Chichinautzin (“señor que quema” en náhuatl), provocó el abandono de Cuicuilco y la desaparición de su cultura.
Se sabe que la violenta erupción volcánica arrojó lava en un área de aproximadamente 70 kilómetros a la redonda, misma que descendió del Ajusco unos doce kilómetros al Valle de México, hasta alcanzar regiones que hoy forman parte de las alcaldías Tlalpan, Coyoacán y Álvaro Obregón al sur de la Ciudad de México.
Los cuicuilcas fueron testigos del avance lento pero implacable de ríos de lava que produjeron incendios forestales y arrasaron con toda la vegetación a su paso, provocando la desaparición abrupta de Cuicuilco y otros pueblos aledaños como Copilco.
Se cree que las víctimas humanas y animales fueron menores, pero los pobladores debieron abandonar la ciudad paulatinamente y partieron hacia el norte en busca de un nuevo sitio donde asentarse.

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De la urbe, únicamente sobrevivió la Pirámide de Cuicuilco (hallada en 1922) y otros basamentos más pequeños, que dan cuenta de su extinta grandeza.
A pesar de que no existen fuentes escritas de la erupción del Xitle, el desastre natural fue conocido por distintos pueblos del Valle de México, que durante las siguientes décadas y siglos realizaron peregrinaciones a la pirámide.
La erupción provocó que los cuicuilcas se desplazaran hacia el norte del Lago de Texcoco, donde se pierden las pistas sobre su peregrinación y aunque en el pasado una teoría sugería que los habitantes de Cuicuilco habían fundado Teotihuacán, lo más probable que este pueblo fue bien acogido en la ‘ciudad de los dioses’ en el apogeo de su poder político y económico, su época de mayor esplendor.
Actualmente, el Xitle y su cráter están cubiertos de vegetación, con sinuosos caminos que se abren entre cuevas y túneles de piedra volcánicas; sin embargo, el resto de volcanes jóvenes de la Sierra Chichinautzin podrían dar forma a otra erupción como la que sepultó a Cuicuilco en cualquier momento.
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