Pocos artistas se han atrevido a descender a la oscuridad y el horror de manera tan evidente. El artista español Francisco de Goya (1746-1828) fue uno de ellos. Sus cuadros y grabados de brujas son una muestra clara de ello: imágenes monstruosas, grotescas, malignas y decadentes. ¿Por qué Goya pintaba cuadros de brujas, qué obsesión tenía con ellas y qué secretos hay detrás de esta serie de cuadros que se cuentan entre los mejores del artista?
Goya pintó un buen número de obras con la bruja como personaje principal. Algunas de las más importantes se agrupan dentro de la serie Asuntos de brujas: “El Aquelarre” y “Las Brujas” en el Museo Lázaro Galdiano; “Vuelo de brujas” situada en el Museo del Prado, y “El hechizado por fuerza” ubicado en la National Gallery de Londres.
Las dos restantes, “La cocina de los brujos” y “Don Juan y el Comendador”, se dispersaron en 1896 y se encuentran perdidas. Estas seis obras fueron hechas por encargo para el gabinete del duque de Osuna.
Las otras series donde el tema de la brujería reaparece es en las series Los Caprichos y las Pinturas Negras.
Esta temática de brujas y demonios se puede interpretar de diversas maneras: por un lado es una muestra de las creencias del pueblo iletrado y supersticioso; el interés del artista por las nuevas técnicas impresionistas de la época; o, por último, un gusto por la estética de lo feo, grotesco y horrible.
Asimismo no hay que olvidar que Goya fue un hombre muy crítico de las ideas irracionales de su nación. Por lo tanto, su trabajo artístico es muestra de su pensamiento social, político y religioso.
A través de sus pinturas fantásticas y oscuras, Goya plasmó su crítica tanto a la Iglesia como a la ignorancia y superstición de los habitantes de España que se dejaban manipular ante el miedo que ejercían las autoridades.
Quizás la pintura más emblemática de esta serie de obras de corte sobrenatural sea “El Aquelarre”. En medio de un ritual de brujería, un macho cabrío (que alude a Baco), preside un círculo formado por brujas. Una de ellas le ofrece a un recién nacido mientras que una anciana le tiende a un niño esquelético, que tal vez ya esté muerto.
Otra de las brujas sostiene sobre su hombro una vara de la que cuelgan fetos humanos. En segundo plano, se distingue un grupo de figuras femeninas con túnicas blancas. Un grupo de murciélagos vuela sobre ellas.
Los estudiosos y biógrafos de Goya coinciden en que para este cuadro, el artista se inspiró en el libro Auto de Fe del Juicio contra las brujas de Zugarramurdi, de 1610.
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