Imagen: The Sun
Este es la historia del niño que se crio con avestruces. Su nombre era Hadara. Una mañana, la madre de Hadara avanzaba por un paraje desértico en el sudeste del Sahara Occidental, acarreando un camello. De pronto, el animal se asustó y escapó. La mujer dejó a Hadara en unos matorrales para ir detrás del camello.
En ese momento se desató una tormenta en el desierto.
Cuando la mujer logró atrapar al camello, regresó a donde dejó al pequeño Hadara, que no tenía más de dos años. Pero el bebé había desaparecido. A partir de ahí se desató una búsqueda desesperada de varios días por encontrarlo.
Sin embargo, todo fue infructuoso. No había rastro de Hadara.
La naturaleza es extraña y el comportamiento de los seres vivos lo es más. No se sabe a ciencia cierta cómo fue que el pequeño Hadara llegó con una comunidad de avestruces que lo tomó como uno más de los suyos. Es uno más de los casos de humanos que han sido criados por otras especies vivas.
El escritor saharaui Bahia Awah afirma:
“La mamá avestruz alimentó a Hadara con insectos, ranas y sandías del desierto, un fruto extraordinariamente amargo que los humanos somos incapaces de digerir”.
A lo largo de más de 14 años, Hadara no vivió como un humano, sino como una avestruz. Aprendió sus hábitos alimenticios y su manera de conducirse. Caminaba como uno más de la manada de avestruces e imitaba sus movimientos. En vez de hablar, imitaba los sonidos de sus compañeros.
Los pastores y otros habitantes del desierto avistaron al hombre que andaba con los avestruces. Los relatos comenzaron a desperdigarse hasta que llegaron a oídos de la familia de Hadara.
La familia de Hadara sospechó que los avistamientos podían tratarse del niño extraviado 14 años atrás. Pronto se organizó una segunda búsqueda que finalmente dio con el paradero de la manada de avestruces a la que pertenecía Hadara.
Después de tender una trampa, los hombres capturaron a Hadara. El adolescente se comportaba tal cual como decían los pastores: articulaba sonidos de animal en lugar de un lenguaje humano, corría como avestruz y su dieta era la de estos animales.
Hadara sufrió para aprender hábitos humanos. Su regreso a la civilización fue un tormento físico y mental. Sin embargo, aprendió a hablar y a relacionarse con sus semejantes. Incluso se casó y tuvo dos hijos. También se convirtió en discípulo de un sabio sufí: Chej Malainin.
La historia del niño que se crio con avestruces es uno de los casos más famosos de niños ferales. Este término se refiere a los casos de niños que han sido criados en estado salvaje durante muchos años. Resulta sorprendente cómo los humanos logran adaptarse no solo a un entorno hostil sino a especies por entero distintas a él.
El mundo supo acerca de Hadara gracias a dos autores que retomaron su historia. En 2000, uno de los hijos de Hadara, Ahmedu, contó la historia de su padre a la autora y viajera sueca Monica Zak. A su vez, ésta escribió un libro sobre el caso: Ostrich Boy.
Zak ya tenía conocimiento de la historia cuando años atrás viajó por el Sahara en calidad de reportera y la escuchó gracias a los nativos. Pese a ello, la escritora no creyó que lo narrado fuera real, pero lo aprovechó para redactar un artículo para la revista Globen. Su propósito era dar a conocer leyendas típicas de los saharauis.
Anteriormente, Moniza Zak ya había escrito para la misma revista sobre los campos de refugiados saharauis en Argelia tras la ocupación marroquí de Sahara Occidental de 1975 hasta 1991. Por ello estaba sensibilizada con esta comunidad.
Pero la vida le tenía deparada una sorpresa: Zak fue invitada a las oficinas de Poliario, un organismo que protegía a los refugiados saharauis. Los representantes le dieron las gracias por dar a conocer la historia de Hadara, personaje que legó a los saharauis la famosa “danza del avestruz”.
“¿No has visto a los niños que se encuentran en los campos de refugiados bailando la danza del avestruz? Cuando Hadara regresó a la civilización, nos enseñó este baile, porque las avestruces bailan cuando se sienten felices”, le dijeron a Zak.
Zak se dio cuenta de que los relatos sobre Hadara eran completamente reales.
Otro autor que se ocupó de dar a conocer el caso de Hadara mucho antes que Zak fue el antropólogo español Julio Caro Baroja en su libro Estudios saharianos, escrito en 1955. En él destaca el siguiente fragmento:
“(…) Hadara vivió con avestruces en su infancia y corría a una gran velocidad. Incluso ya mayor, en ocasiones, entraba en una especie de trance que le hacía comportarse como un avestruz, moviéndose como uno de ellos y comiendo todo lo que encontraba a su alcance. Sobre su especial trato con los animales hay numerosos testimonios. Se cuenta que en una ocasión cogió un león, le puso una cuerda al cuello y un bozal y lo llevó donde una familia que no creía en los milagros de Chej Malainin. En otra, ordenó a una pareja de chacales que no atacaran un frig (grupo de haimas) donde habitaba un niño pequeño, y así ocurrió”.
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